Mi?rcoles, 17 de enero de 2007
UniversoSobrevivir cada minuto, cada hora y cada día es el impulso más genuino de cualquier forma de vida. En el caso del ser humano, dotado de unas cualidades intelectivas y emocionales muy superiores a la de las demás criaturas, hay que añadir un instinto natural hacia la trascendencia. Nuestra pequeñez respecto a la infinitud del Universo no nos impide cuestionar la existencia, ya sea como respuesta a un designio sobrenatural o como la consecuencia evolutiva de una energía de la que desconocemos casi todas sus cualidades.

Y mientras los humanos nos debatimos apasionada y ferozmente entre satisfacer nuestras necesidades más primarias e imponer nuestras locas quimeras, la energía cósmica se expande y se contrae a través de un sin fin de manifestaciones, sin que apenas conozcamos una mínima parte de su devenir y de sus consecuencias. Pero hoy, en medio de la mediocre vulgaridad que invade la cotidianidad de gran parte de los asuntos de los mortales del planeta Tierra, me propongo relatar los resultados (aún no definitivos) de una de las investigaciones más ambiciosas de la NASA.

La Agencia Espacial norteamericana lleva años investigando la naturaleza y el tamaño del espacio cósmico. Los científicos afirman que toda la materia convencional (aquella compuesta por átomos ordinarios) que conforma el Universo, apenas constituye el 4% del total de la materia cósmica. Esta sorprendente afirmación quiere decir, para que nos hagamos una idea, que la materia común de que están hechos los planetas (como la Tierra), el Sol, el sistema solar y todos los sistemas solares de nuestra galaxia (la Vía Láctea), así como las miles o millones de galaxias que percibimos mediante el uso de nuestros instrumentos de observación astronómica, apenas representa una ínfima parte de toda la materia del Universo.

Ante tan sobrecogedor dato, la pregunta obvia que nos asalta es: ¿Qué pasa con el otro 96 por ciento de materia cósmica? La respuesta no es nada fácil. Es más, diría que todavía ha de pasar mucho tiempo hasta que la Ciencia pueda desentrañar este secreto. No obstante, el 30 de junio de 2001, la NASA lanzaba al espacio un satélite de 4 metros de alto por cinco de ancho y 840 kilogramos de peso. El ingenio, llamado WMAP (Wilkinson Microwave Anisotropy Probe), tenía como objetivo realizar un mapa que abarcara la totalidad de todo lo que existe: del Universo.

Un satélite anterior, el COBE, también lanzado por la NASA en 1992, había logrado medir con gran exactitud una serie de ligeras variaciones de temperatura (llamadas anisotropías) en el Universo primitivo. Fue un gran hallazgo, ya que precisamente alrededor de esas pequeñas irregularidades térmicas pudieron ir tomando forma las grandes estructuras, como las galaxias, que vemos en la actualidad.

Aquella imagen del COBE (una especie de «huevo cósmico» con manchas y franjas de color), fue calificada como «la primera foto» que existe del conjunto del Universo. Como reconocimiento a las aportaciones excepcionales obtenidas de este satélite científico, sus dos investigadores principales, John C. Mather y George F. Smoot, han compartido el Nobel de Física de 2006.

Ahora, con una capacidad de resolución mil veces superior, el WMAP ha conseguido revelar detalles allí donde el COBE sólo mostraba manchas difusas. El nuevo satélite, inicialmente lanzado para una misión de 27 meses de duración, ha sido capaz de realizar un retrato mucho más preciso que su antecesor y captó, con toda claridad, la primera luz emitida por el Universo o, para ser más precisos, los primeros rayos luminosos que consiguieron viajar libremente por el espacio, apenas 380.000 años después del Big-Bang.

Dicho de otra manera, el WMAP consiguió fotografiar el brillo mismo de la Gran Explosión. Los patrones «grabados» en esa luz primigenia contienen toda la información necesaria para averiguar las condiciones de aquél Universo recién nacido. Condiciones que fueron las semillas a partir de las cuales pudo desarrollarse todo lo que hoy, miles de millones de años después, podemos contemplar cuando dirigimos la mirada al cielo.

Y es a partir de los datos del WMAP que los científicos, por increíble que parezca, han podido aventurar una explicación para ese 96% de masa universal que hasta ahora escapaba a nuestra comprensión. Así, al exiguo 4% de materia ordinaria del Universo podemos sumar ahora otro 22% más. Un porcentaje constituido por lo que se ha dado en llamar «materia oscura».

Lo más sorprendente de esta nueva materia es que es invisible (de ahí su nombre), y desde luego es intrínsecamente diferente a la materia constituida por átomos. La «materia oscura» al no radiar luz como hace la materia ordinaria, resulta indetectable por los instrumentos convencionales. Su presencia sólo puede adivinarse midiendo los efectos gravitatorios que produce sobre los distintos cuerpos celestes. Todo un paso adelante, pero muy lejos de ser suficiente. En cualquier caso, la suma de la materia ordinaria (4%) y la materia oscura (22%) apenas nos permite avanzar unos pasos al reunir un 26% del total del Universo. Entonces, ¿qué pasa, por tanto, con el 74% de materia restante, es decir, la mayor parte del Cosmos? Sencillamente, que continúa siendo un misterio todavía insondable para la Ciencia.

Según los datos del WMAP, ese enorme porcentaje de Universo todavía por descodificar estaría constituido por una misteriosa forma de energía, bautizada como «energía oscura», de la que muy poco se sabe aún, salvo que actúa como una suerte de fuerza antigravitatoria que parece ser la responsable del actual estado de expansión del Universo.

Como se puede comprobar, eh aquí un asunto de enjundia que reduce a la millonésima potencia casi todos los problemas que acucian a los seres humanos. Probablemente a muchos este asunto no les interesa lo más mínimo. Pero no tener conciencia del Universo no exime a nadie de pertenecer a él. Es por ello que creo prudente y necesario que los hombres reflexionemos -al menos de vez en cuando- sobre nuestra existencia y el lugar que ocupamos en el Cosmos. Mejorar nuestras condiciones de vida y compartir los recursos de nuestro Planeta bien valen todos los esfuerzos. También es imprescindible mejorar nuestras conductas y tratar de responder a nuestras inquietudes espirituales, facultad exclusiva del ser humano. Todo ello sin olvidar que somos menos que un punto en el Universo y que ahí fuera está buena parte de la respuesta.

Publicado por torresgalera @ 19:31  | Cosas que importan
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Comentarios
Publicado por melina
S?bado, 21 de junio de 2008 | 16:08
LlorandoLlorandolocolocoAngelitoNavidadDemonioDemoniomu?eco de nieveEnfurru?adoChicaLlorandoDemonioHeladoHeladoAngelitoAngelitomu?eco de nieveSonrisa GiganteDemonioel sitema solar el algo un coso ahi


un besooo

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Publicado por Invitado
Lunes, 30 de noviembre de 2009 | 23:56
ES MUY CIERTO LO QUE COMENTAS EN TU ARTICULO, DEBERIAMOS PREOCUPARNOS Y ACUPARNOS MAS POR LAS COSAS QUE EN VERDAD VALEN LA PENA Y OLVIDARNOS UN POCO, AUNQUE SEA OCASIONALMENTE, DE LAS COSAS MUNDANAS. DEJAR DE PELEARNOS ENTRE NOSOTROS MISMOS (LOS SERES HUMANOS) POR CONSEGUIR Y SER MAS QUE LOS DEMAS, AL FIN Y AL CABO SOMOS UNA SOLA ESPECIE Y UNA SOLA HUMANIDAD Y LO QUE PASE AL MUNDO EN QUE VIVIMOS Y A NUESROS SEMEJANTES, AL FINAL DE CUENTAS SE NOS DEVUELVE A NOSOTROS MISMOS... Y A NUESTROS HIJOS.
Publicado por analia
Jueves, 31 de diciembre de 2009 | 1:16
Gui?ola verdad tiene razon esa chicadejemos de buscarnos deferencias q no nos distanciemos entre nosotros porq al fin y al cabo todos somos iguales todos somos iguales nadie es el dia y la noche todos somos lo que somos y nos tendriamos q preocupar mas en donde vivimos nececitamos preocuparnos por nuestro mundo por nuestra galaxia porq sin ella no existiria nadie aca aca tendriamos q ser todos prudenteso mejor superarnos nosotros mismos mi mail [email protected]