Mi?rcoles, 24 de enero de 2007
La Puerta de SeguraEste frío miércoles me ha sorprendido un recuerdo, de repente, mientras ojeaba las páginas de un diario. De pronto he caído en la cuenta de que estamos a veinticuatro de enero: una fecha que me trae a la mente la imagen de una persona para mí muy querida y que ya desapareció hace unos años.

Se llamaba José y se trataba de un buen hombre, muy sencillo y de los más trabajadores que he conocido en mi vida. Mis primeros recuerdos de él datan de cuando yo era un niño. Él por entonces se ganaba la vida afanosa y calladamente como zapatero remendón. Tenía un pequeño local en una callecita del madrileño distrito de Arganzuela, junto a la plaza de la Beata María Ana de Jesús. Luego, con el paso de los años, supe que aquel humilde viejito todavía estaba pagando algunas deudas del pasado.

En los postrimeros años de la década de los sesenta yo había entrado de lleno en la adolescencia. Me encontraba en plena crisis existencial, y mi rebeldía juvenil se decantó hacia la contestación política. Como es lógico suponer me alineé frente al franquismo en posiciones cercanas al marxismo (aclaro que pronto me alejé de esta ideología totalitaria).

Fue por entonces cuando supe la verdad sobre la historia personal de mi entrañable personaje. Fue un entusiasta militante del PSOE desde el final de los años veinte. Él y dos camaradas amigos se dedicaron a fundar "casas del pueblo" en todos los municipios jienenses de la comarca de Segura de la Sierra. Nunca ocupó cargo político excepto el de secretario general del PSOE en La Puerta de Segura. Y en este pueblo permaneció hasta el final de la guerra civil, excepto los dos últimos meses de la guerra que estuvo movilizado por el Ejército de la República en la llamada "quinta del saco".

Recién regresado a casa llegaron las tropas de Franco a La Puerta. Este veterano militante socialista (tenía cuarenta años) fue inmediatamente detenido, juzgado y condenado a veinte años y un día de privación de libertad por el delito de rebeldía. Cumplidos casi siete años de prisión fue indultado, pero se le impuso el destierro de la provincia de Jaén, además de la obligatoriedad de presentarse mensualmente ante las autoridades policiales allá donde fijara su residencia; orden que tuvo que cumplir hasta mediados de los sesenta.

El buen José reanudó la vida en Madrid con su mujer y sus dos hijos, habiendo perdido todo su patrimonio de comerciante de calzado allá en el pueblo. Reinició su vida laboral en el oficio de su primera juventud. Fueron años de sacrificio y abnegación. La dureza de aquellos días y los recuerdos amargos le volvieron un tanto taciturno. Una víctima más de la España cainita; pero jamás le escuché reclamar venganza, sólo reivindicar la legitimidad de sus ideas a las que nunca renunció.

Afortunadamente José tuvo una larga existencia. Pudo disfrutar de casi veinte años de España democrática y ver a los socialistas gobernando en una España en paz. Es verdad que sufría mucho con los vaivenes de esta sociedad mediática. Le inquietaban sobremanera el terrorismo etarra, el paro, las enconadas luchas políticas, las guerras y las catástrofes. Le costaba digerir una sociedad tan trepidante y enloquecida como la actual. En cambio le encantaba observar los progresos que experimentaba la sociedad española; y disfrutaba en la compañía de los suyos.

Yo también compartí momentos inolvidables con José. Un día fuimos a Génave, el pueblo de Jaén en el que nació. Y después de más de cincuenta años de ausencia supo encontrar la casa en la que vino al mundo y en la que transcurrió su niñez. ¡Como le gustaba hablarme de sus años mozos; de sus padres y de sus hermanos! Al final vivía sumido en el recuerdo. José habría cumplido hoy ciento nueve años. Murió hace diez y le sigo echando de menos. José era mi abuelo. Un hombre sencillo pero con grandes sueños. Algunos los vio cumplidos, otros se fueron con él.

Publicado por torresgalera @ 19:48  | Cosas que importan
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Mi?rcoles, 17 de enero de 2007
UniversoSobrevivir cada minuto, cada hora y cada día es el impulso más genuino de cualquier forma de vida. En el caso del ser humano, dotado de unas cualidades intelectivas y emocionales muy superiores a la de las demás criaturas, hay que añadir un instinto natural hacia la trascendencia. Nuestra pequeñez respecto a la infinitud del Universo no nos impide cuestionar la existencia, ya sea como respuesta a un designio sobrenatural o como la consecuencia evolutiva de una energía de la que desconocemos casi todas sus cualidades.

Y mientras los humanos nos debatimos apasionada y ferozmente entre satisfacer nuestras necesidades más primarias e imponer nuestras locas quimeras, la energía cósmica se expande y se contrae a través de un sin fin de manifestaciones, sin que apenas conozcamos una mínima parte de su devenir y de sus consecuencias. Pero hoy, en medio de la mediocre vulgaridad que invade la cotidianidad de gran parte de los asuntos de los mortales del planeta Tierra, me propongo relatar los resultados (aún no definitivos) de una de las investigaciones más ambiciosas de la NASA.

La Agencia Espacial norteamericana lleva años investigando la naturaleza y el tamaño del espacio cósmico. Los científicos afirman que toda la materia convencional (aquella compuesta por átomos ordinarios) que conforma el Universo, apenas constituye el 4% del total de la materia cósmica. Esta sorprendente afirmación quiere decir, para que nos hagamos una idea, que la materia común de que están hechos los planetas (como la Tierra), el Sol, el sistema solar y todos los sistemas solares de nuestra galaxia (la Vía Láctea), así como las miles o millones de galaxias que percibimos mediante el uso de nuestros instrumentos de observación astronómica, apenas representa una ínfima parte de toda la materia del Universo.

Ante tan sobrecogedor dato, la pregunta obvia que nos asalta es: ¿Qué pasa con el otro 96 por ciento de materia cósmica? La respuesta no es nada fácil. Es más, diría que todavía ha de pasar mucho tiempo hasta que la Ciencia pueda desentrañar este secreto. No obstante, el 30 de junio de 2001, la NASA lanzaba al espacio un satélite de 4 metros de alto por cinco de ancho y 840 kilogramos de peso. El ingenio, llamado WMAP (Wilkinson Microwave Anisotropy Probe), tenía como objetivo realizar un mapa que abarcara la totalidad de todo lo que existe: del Universo.

Un satélite anterior, el COBE, también lanzado por la NASA en 1992, había logrado medir con gran exactitud una serie de ligeras variaciones de temperatura (llamadas anisotropías) en el Universo primitivo. Fue un gran hallazgo, ya que precisamente alrededor de esas pequeñas irregularidades térmicas pudieron ir tomando forma las grandes estructuras, como las galaxias, que vemos en la actualidad.

Aquella imagen del COBE (una especie de «huevo cósmico» con manchas y franjas de color), fue calificada como «la primera foto» que existe del conjunto del Universo. Como reconocimiento a las aportaciones excepcionales obtenidas de este satélite científico, sus dos investigadores principales, John C. Mather y George F. Smoot, han compartido el Nobel de Física de 2006.

Ahora, con una capacidad de resolución mil veces superior, el WMAP ha conseguido revelar detalles allí donde el COBE sólo mostraba manchas difusas. El nuevo satélite, inicialmente lanzado para una misión de 27 meses de duración, ha sido capaz de realizar un retrato mucho más preciso que su antecesor y captó, con toda claridad, la primera luz emitida por el Universo o, para ser más precisos, los primeros rayos luminosos que consiguieron viajar libremente por el espacio, apenas 380.000 años después del Big-Bang.

Dicho de otra manera, el WMAP consiguió fotografiar el brillo mismo de la Gran Explosión. Los patrones «grabados» en esa luz primigenia contienen toda la información necesaria para averiguar las condiciones de aquél Universo recién nacido. Condiciones que fueron las semillas a partir de las cuales pudo desarrollarse todo lo que hoy, miles de millones de años después, podemos contemplar cuando dirigimos la mirada al cielo.

Y es a partir de los datos del WMAP que los científicos, por increíble que parezca, han podido aventurar una explicación para ese 96% de masa universal que hasta ahora escapaba a nuestra comprensión. Así, al exiguo 4% de materia ordinaria del Universo podemos sumar ahora otro 22% más. Un porcentaje constituido por lo que se ha dado en llamar «materia oscura».

Lo más sorprendente de esta nueva materia es que es invisible (de ahí su nombre), y desde luego es intrínsecamente diferente a la materia constituida por átomos. La «materia oscura» al no radiar luz como hace la materia ordinaria, resulta indetectable por los instrumentos convencionales. Su presencia sólo puede adivinarse midiendo los efectos gravitatorios que produce sobre los distintos cuerpos celestes. Todo un paso adelante, pero muy lejos de ser suficiente. En cualquier caso, la suma de la materia ordinaria (4%) y la materia oscura (22%) apenas nos permite avanzar unos pasos al reunir un 26% del total del Universo. Entonces, ¿qué pasa, por tanto, con el 74% de materia restante, es decir, la mayor parte del Cosmos? Sencillamente, que continúa siendo un misterio todavía insondable para la Ciencia.

Según los datos del WMAP, ese enorme porcentaje de Universo todavía por descodificar estaría constituido por una misteriosa forma de energía, bautizada como «energía oscura», de la que muy poco se sabe aún, salvo que actúa como una suerte de fuerza antigravitatoria que parece ser la responsable del actual estado de expansión del Universo.

Como se puede comprobar, eh aquí un asunto de enjundia que reduce a la millonésima potencia casi todos los problemas que acucian a los seres humanos. Probablemente a muchos este asunto no les interesa lo más mínimo. Pero no tener conciencia del Universo no exime a nadie de pertenecer a él. Es por ello que creo prudente y necesario que los hombres reflexionemos -al menos de vez en cuando- sobre nuestra existencia y el lugar que ocupamos en el Cosmos. Mejorar nuestras condiciones de vida y compartir los recursos de nuestro Planeta bien valen todos los esfuerzos. También es imprescindible mejorar nuestras conductas y tratar de responder a nuestras inquietudes espirituales, facultad exclusiva del ser humano. Todo ello sin olvidar que somos menos que un punto en el Universo y que ahí fuera está buena parte de la respuesta.

Publicado por torresgalera @ 19:31  | Cosas que importan
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Martes, 09 de enero de 2007
Casi nadie conoce sobre qué acuerdos obtuvo Josep Lluís Carod-Rovira, el 4 de enero de 2005 en Perpiñán, el compromiso de la cúpula de ETA de no cometer atentados terroristas en Cataluña. En cualquier caso, no resulta muy difícil colegir que tanto Carod como el jefe de sus interlocutores, Josu Ternera, son la viva encarnación del mismo mal: el odio y el desprecio hacia sus congéneres fruto de una enfermiza perversión de sus almas.

Pretender combatir el mal única y exclusivamente con la razón es, además de un error, una insensatez imperdonable. Cuando estos atrabiliarios personajes (da lo mismo que representen a una banda de asesinos que a una organización pseudo-democrática) se erigen en líderes de las oligarquías de la subversión, es porque el mal ya no sólo se ha desarrollado sino que es irremediable. Por eso estos adalides del materialismo más conspicuo son unos tramposos empedernidos: porque la razón la emponzoñan con mentiras y trampas, hasta convertirla en una falacia aberrante y venenosa. Los totalitarios se valen además de la razón, de la mentira, lo cual convierte en estéril el uso bienintencionado del logos como único recurso para rebatir y defender el bien, al menos el bien político que equivale a la paz social.

La hilarante respuesta de ETA reivindicando la autoría del atentado de Barajas del pasado 30 de diciembre, y en la que afirma que mantiene el alto el fuego indefinido que declaró el pasado 24 de marzo, es la prueba irrefutable de su maldad congénita. Los terroristas responsabilizan al Gobierno de no haber cumplido sus compromisos, a la vez que denuncian la actitud del PNV. En el colmo de su extravío moral aducen que no querían víctimas mortales en el bombazo de la T-4, al tiempo que exigen un “acuerdo político que reúna los derechos y los mínimos democráticos que requiere el desarrollo del proceso democrático del País Vasco”.

No creo que se pueda ser más descarado, insolente y despreciable. La insania de estos perturbados es proporcional a la violencia de sus actos. Pero con todo, lo más terrible de cuantos peligros y sufrimientos está padeciendo la sociedad española es que gran parte de los dirigentes políticos de izquierdas y sus corifeos mediáticos, así como el llamado nacionalismo moderado, está convencida de que el diálogo con la muerte es imprescindible para acabar con la violencia. Este hecho -que hubiera sido impensable hace setenta años- hoy es una realidad lacerante porque el estigma totalitario está impreso en los genes del socialismo ideológico. Por eso, en el fondo, se afanan por emular a Carod-Rovira (que no disimula su pétreo anhelo soberanista y socialista; al igual que ETA).

Los violentos no pueden dejar de ejercer la violencia: es la expresión genuina de su naturaleza. Sólo pueden ser derrotados con armas superiores: fe en el hombre y en sus valores transcendentes, lealtad con su pasado y compromiso con el futuro. Presidentes de gobierno anteriores sucumbieron a la flaqueza del diálogo con el maligno, pero enseguida enmendaron su error. El mal siempre sorprende con engañosas sutilezas. Los que se declaran defensores fervientes del progreso son los que más se alejan de la verdad imperecedera. El abismo les abduce para someterles, una vez más, a una nueva representación satánica.

Publicado por torresgalera @ 20:28  | Pol?tica
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Martes, 02 de enero de 2007
T-4 (Aeropuerto de Madrid-Barajas)No es un buen comienzo de año cuando dos personas permanecen enterradas, desde hace cuatro días, bajo miles de toneladas de escombros en el aparcamiento de la Terminal 4 del aeropuerto internacional de Madrid-Barajas. No es un buen comienzo de año cuando estamos angustiados y pendientes de las escavadoras y los perros de rescate. No es un buen comienzo de año cuando la mayoría de los españoles lamentan con dolor y rabia la catadura moral de algunos de sus conciudadanos. No, no es un buen comienzo de año iniciarlo con una mueca de asco y de descreimiento hacia aquellos que cada día tratan de seducirnos con su palabrería huera y con sus gestos ampulosos y vacíos.

El atentado terrorista del pasado sábado no fue una premonición de mal augurio para 2007, sino la respuesta a la contumaz obcecación del presidente del Gobierno. Ha sido una especie de castigo a su engreimiento y su soberbia. Un castigo infligido en el rostro y en el alma de otro (de otros, de cientos, de miles..., de millones de personas) por desafiar al sentido común y a la razón de la buena gente. Rodríguez Zapatero no ha querido aprender la lección que antes otros homólogos suyos nos enseñaron con sus fracasos. Zapatero ha pretendido estar por encima de sus antecesores y, como Ícaro, ha sucumbido víctima de su soberbia.

Este atentado de ETA no es la confirmación de una muerte anunciada; es más bien la consecuencia lógica que sobreviene cuando se desafían las leyes que están fuera del alcance de los hombres. La lucha del bien contra el mal tiene unas reglas muy estrictas, y no respetarlas escrupulosamente produce funestas consecuencias. Al mal se le combate con el bien, no con otro mal; por eso el abuso, el atropello y el desprecio se combaten con grandes dosis de justicia; y la locura, la violencia y la intolerancia se las combate con el rigor de la ley de los hombres pacíficos, no con diálogos trampa cuya única finalidad es dar satisfacción a la bestia insaciable.

Es verdad que, en ocasiones, lo que muchos no consiguen algunos sí lo hacen. El motivo de estas excepciones no es fácil descubrirlo, pero el fenómeno se produce. En cambio, otras circunstancias nos gritan con insistencia que de perseverar por una determinada senda el fiasco será seguro. Esto es lo que le ha pasado a Rodríguez Zapatero con su voluntad de implicarse en el "proceso de paz" que le propuso, zafiamente, la gente de Batasuna y de ETA. El presidente por accidente mordió el anzuelo como un pardillo y se las dio del más listo de la clase.

Zapatero no ha querido (por soberbia y por complejo de inferioridad) aceptar la realidad tal y como es. Él se siente investido (nadie entiende por quéGui?o de unas cualidades excepcionales para recorrer un camino inviable. Con un exigua ventaja de votos y de escaños respecto a su más directo rival, Rodríguez Zapatero creyó que se legitimaría entendiéndose con los nacionalistas y con la izquierda radical; a la derecha la dejaría indefensa y humillada. Este error será su tumba política. No se ha dado cuenta de que esas fuerzas centrífugas con las que se ha compinchado terminarán debilitándole hasta la extenuación.

Sí, ha comenzado un nuevo año pero no ha comenzado bien. Quien todo lo porfía a la razón es quien termina perdiéndola. Los locos lo son no por falta de razón sino por exceso de ella; su desorden mental es consecuencia de ciertas carencias racionales y por la sobreexposición a otras. Los lunáticos son los que quieren entender y dominar la luna, en cambio los poetas y los místicos sólo pretenden cantarla y glorificarla. Los nacionalistas han forzado tanto la razón que han terminado paranoicos. Y Zapatero ha retorcido tanto su débil cerebro que terminará por creerse Nerón.

Publicado por torresgalera @ 19:21  | Pol?tica
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