Lunes, 19 de febrero de 2007
Jura de cadetes en la Academia Militar de General de ZaragozaRazones personales y familiares me dieron la oportunidad de acudir, el pasado sábado 17, a la Academia General Militar de Zaragoza para presenciar el acto de jura de bandera de la última promoción de cadetes aspirantes a la escala de oficiales del Ejército de Tierra y de la Guardia Civil. Tengo que subrayar que el acontecimiento me resultó gratamente instructivo, a la vez que emocionante y entrañable.

Contribuyó a la esplendidez de la ceremonia la luminosa y tibia mañana que nos deparó este imprevisible febrero. En este escenario tuve ocasión de comprobar la emoción con que dos centenares de jóvenes de entre veinte y veintidós años vivieron la consagración de sus vidas a la carrera militar. Es cierto -como no podía ser de otra manera- que la ceremonia se produjo en un ambiente de gala y de fiesta. Pero antes, durante los últimos cinco meses y medio, estos jóvenes se han sometido voluntariamente a un periodo de preparación y entrenamiento verdaderamente exhaustivo; algunos que lo intentaron no pudieron superarlo.

Las grandes civilizaciones que han prosperado lo han hecho, entre otras cosas, porque han sabido aquilatar en un lenguaje de signos y de ritos el acervo de valores y conocimientos acumulados a lo largo del tiempo histórico. Ese es el valor de las ceremonias. Son ritos iniciáticos mediante los cuales, y tras larga preparación (ya sea catecúmeno, novicio, novio o postulante de cualquier tenor), el aspirante da por concluida su vida presente y se incorpora a otra nueva. Es decir, el rito representa al mismo tiempo la muerte y la vida; es un morir y un renacer con mayor luz; es a la vez un acto de renuncia y un acto de entrega.

Esa mañana doscientos jóvenes juraron fidelidad y lealtad a España, a la Constitución, a la bandera nacional y al Rey (comandante supremo de las Fuerzas Armadas, Jefe del Estado y símbolo de todos los valores que encarnan a la Nación Española). Doscientos jóvenes renunciaron solemnemente, ante sus familias y ante el mundo, al estatus ordinario de una sociedad civil amparada en un Estado de Derecho. Doscientos jóvenes consagraron sus vidas a un ideal de servicio y de entrega sin reservas: la defensa de España de cualquiera que atente contra su unidad e integridad territorial y contra su ordenamiento constitucional. Y para ello estos jóvenes, como otros muchos, o mejor dicho, como muchos más, están dispuestos a entregar sus vidas sin hacer preguntas.

No corren tiempos favorables para defender ideales seculares. Valores como dignidad, patria, honor, entrega, sacrificio, disciplina, familia, hermano o amigo están, o bien arrumbados en el desván del olvido o bien depreciados por su uso espurio y frívolo. La confrontación política ha impuesto en nuestros días un leguaje oportunista que relativiza y desvirtúa el verdadero significado semántico de las palabras. Ahora a los valores imperecederos se les otorgan finalidades determinadas, y si no se ajustan a los objetivos son despreciados solemnemente. Por eso causa admiración y asombro cómo cohabitan en nuestra imperfecta democracia (el menos malo de los sistemas políticos posibles) las ideologías, los partidos y las instituciones, una vez que alcanzan responsabilidades de gobierno.

Por fortuna no todo está perdido. Todavía existe una juventud que no sólo ama la vida sino que se siente impelida por una vocación de servicio: el servicio a la comunidad para remediar las grandes desigualdades, la injusticia y la indignidad. Existen muchos caminos para realizar tan nobles ideales. La milicia es uno de ellos, porque nadie como el auténtico guerrero ama la paz y odia la guerra, y a pesar de ello se prepara para tal contingencia.

Una vez más en el patio de la Academia General de Zaragoza tuvimos la ocasión de escuchar esas emotivas palabras de la Plegaria a los caídos: "... Por la Patria morir fue su destino, querer a España su pasión eterna, servir en los Ejércitos su vocación y sino. No quisieron servir a otra Bandera, no quisieron andar otro camino, no supieron morir de otra manera."

Gracias, Pablo.

Publicado por torresgalera @ 15:02  | Cosas que importan
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios