Jueves, 26 de abril de 2007
Uiverso como paradojaLos científicos expertos en el tema afirman que la vida en cualquier otra parte del Universo es posible. Para ello es necesario que se den circunstancias semejantes a las que convergen en el planeta Tierra, ya que las leyes que rigen en todos los rincones de dicho Universo son las mismas, incluida, claro está, la Vía Láctea de la que forma parte nuestro sistema solar.

Por tanto, ¿qué circunstancias deben concurrir para que la vida sea factible en cualquier rincón, por recóndito que sea, del cosmos? En primer lugar, tiene que existir un planeta que orbite alrededor de una estrella a una distancia suficiente como para que en torno a su superficie no haga ni demasiado frío ni demasiado calor. Además, en su atmósfera tiene que existir una proporción razonable de oxígeno, hidrógeno y nitrógeno, que en contacto con el necesario carbono de su corteza, permitan formas de vida equiparables a las que se han desarrollado en algún momento de la evolución de la Tierra. Esto no quiere decir que sea, necesariamente, un proceso calcado al de nuestro planeta, pero sí similar.

La vida orgánica no tiene más que un camino, y este se inicia a partir de seres unicelulares. El Universo está formado por los mismo elementos que los humanos hemos recogido en la tabla periódica. Lo que cambia es la proporción de sus combinaciones. Pero la vida orgánica tiene su alfa en los cuatro elementos señalados, siempre que un exceso de calor (por encima de 40º centígrados) o una ausencia del mismo (por debajo 0ºGui?o imposibiliten la aleación de los átomos en los elementos señalados.

Ahora hemos conocido que un equipo de astrónomos de Suiza, Francia y Portugal han identificado el primer planeta extrasolar en el que podría ser compatible la vida tal y como la conocemos. Se trata de un planeta un cincuenta por ciento mayor que el nuestro, y con una masa cinco veces superior. Orbita alrededor de la estrella Gliese 581, una «enana roja» más pequeña y fría que el Sol y situada en la constelación de Libra dentro de nuestra galaxia. El descubrimiento se ha realizado gracias al espectrógrafo HARPS, instalado en un telescopio de 3,6 metros de diámetro, ubicado en La Silla, Chile.

Hay que tener en cuenta que cualquier planeta con menos de la mitad de masa que la Tierra no tendría gravedad suficiente para retener una atmósfera idónea para el desarrollo de la vida, como sucede con Marte. Por el contrario, planetas con una masa superior a diez veces la de la Tierra tienen tal gravedad que atraen hasta los gases y otros elementos abundantes en el espacio, como hidrógeno y helio, lo que les lleva a convertirse en gigantes gaseosos, como es el caso, en nuestro sistema solar, de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

En el caso de la estrella Gliese 581 sabemos que se encuentra a 20,5 años luz de distancia (un año luz equivale a casi diez billones de kilómetros). Que en su órbita, además del planeta recién descubierto, ya se conocían otros dos planetas, gigantes gaseosos con quince y ocho masas terrestres, mucho más parecidos a Neptuno que a la Tierra.

También sabemos que el nuevo planeta «viaja» alrededor de su astro mucho más deprisa que la Tierra alrededor del Sol, y efectúa una órbita completa cada trece días. Y que se encuentra catorce veces más cerca de Gliese 581 de lo que nosotros estamos del Sol. No obstante, y a pesar de las diferencias de tamaño, luminosidad y temperatura entre Gliese 581 y el Sol, el nuevo planeta está exactamente en la «zona habitable» de su estrella, una estrecha franja orbital en la que un planeta debe estar situado para que en él se den las condiciones necesarias para la vida.

En definitiva, la «Súper Tierra» descubierta alrededor de Gliese 581 cumple todos los requisitos para albergar la vida orgánica. Como afirma Stéphane Udry, del Observatorio de Ginebra y coautor del descubrimiento, «Estimamos que la temperatura en esta “Súper Tierra” debe oscilar entre los 0 y los 40 grados, con lo que el agua debería ser líquida..., y los modelos existentes predicen que el planeta debería ser rocoso, como nuestra Tierra, o cubierto por océanos».

Por su parte, Xavier Delfosse, del Observatorio de Grenoble y miembro del equipo científico, asegura que «Por lo que sabemos el agua líquida es crítica para la vida. Y a causa de la temperatura y de su relativa proximidad, este planeta se convertirá probablemente en un importante objetivo para futuras misiones espaciales dedicadas a la búsqueda de vida extraterrestre. En el mapa del tesoro del Universo, uno estaría tentado de marcar este mundo con una “X”».

Lo más excitante de este descubrimiento es que Gliese 581 se encuentra entre las cien estrellas más cercanas a la Tierra. Se trata de una «enana roja», la clase de estrellas más abundantes en nuestra galaxia, pequeñas y relativamente frías (con temperaturas superficiales que rondan los 3.500 grados, la mitad que el Sol). «Las enanas rojas -dice Xavier Bonfill, otro de los autores del estudio, de la Universidad de Lisboa- son los objetivos ideales para buscar planetas de baja masa en los que pueda haber agua en estado líquido. Debido a que emiten menos luz, las «zonas habitables» de estas estrellas están mucho más cerca de ellas de lo que sucede en el Sol».

Y si este descubrimiento -aún por confirmar- nos parece un prodigio, imagínense las posibilidades que se abren a la vida si contemplamos únicamente los cien millones de estrellas que se presumen en la Vía Láctea. Aquella paradoja que llevara a la hoguera a Giordano Bruno 
(el 17 de febrero de 1600, en Roma), sacerdote dominico condenado por la Inquisición por defender la idea de que la Tierra no era el centro del Universo, y que el Sol era uno más entre una infinidad de soles, no es más que la prueba de la miniatura que somos en medio de la inmensidad del Cosmos. Medio siglo después, Isaac Newton afirmaría que «La unidad en la variedad y la variedad en la unidad es la ley suprema del Universo». 

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Viernes, 20 de abril de 2007
Jonh HowardReproduzco en las siguientes líneas algunas manifestaciones de miembros del gobierno de Australia realizadas recientemente. Merecen la pena ser leídas por cuanto tienen de valientes y oportunas en un tiempo en el que lo políticamente correcto impera a sus anchas con impiedad y sin miramientos. Son palabras comprometidas y que no dejan lugar a la ambigüedad. Representan la expresión de un límite, de una puerta que no se puede traspasar, de la línea que marca la divisoria entre el bien y el mal..., la vida y la muerte.

Las palabras reproducidas fueron pronunciadas en Sydney (Australia) el pasado mes de febrero. El motivo que las provocaron tenía como telón de fondo la invitación del gobierno a un grupo de líderes musulmanes para que prometiera lealtad a la Constitución australiana y a su Reina. El primer ministro John Howard ya había advertido días antes a los musulmanes que quieren vivir conforme a la ley Islámica (Sharia) a salir del país. Luego, después de la ceremonia de lealtad constitucional, el Jefe del Gobierno y sus ministros mantuvieron un encuentro especial con este grupo musulmán, en el que reiteró su decisión de afrontar las medidas necesarias contra aquellos que cuestionen el modelo de sociedad que rige en Australia.

De entre los miembro del Ejecutivo que tomó la palabra destaca Peter Costello, ministro del Tesoro y sucesor inevitable de Howard al frente del Partido Liberal. Costello aludió a algunos clérigos radicales a los que el Gobierno podría pedir que abandonaran el país si no aceptan que Australia es un estado secular, y sus leyes fruto del Parlamento. Costello declaró a través de televisión que "Si aquellos no son sus valores, si ustedes quieren un país con ley Sharia o un estado teocrático, entonces Australia no es para ustedes".

Por su parte, el ministro de educación Brendan Nelson, señaló más tarde a los periodistas que los musulmanes que no quisieran aceptar los valores locales deberían irse. "Básicamente -afirmó Nelson- aquellos que no quieran ser australianos, o que no quieran vivir con valores australianos y entenderlos, entonces, deberían irse."

Tampoco dejaron indiferentes las declaraciones del primer ministro John Howard. Es más, llegaron a provocar el enfado de algunos musulmanes australianos, al respaldar a las agencias estatales que vigilan y supervisan las mezquitas del país. Howard se mostró rotundo: "Los inmigrantes deben adaptarse. Tómenlo o déjenlo. Estoy harto de que esta nación se preocupe de si ofende a algún individuo o a su cultura.”

El primer ministro también se refirió a la amenaza del terrorismo islamista: “Desde que los terroristas nos atacaron en Bali hemos experimentado una oleada de patriotismo en la mayoría de australianos. Sin embargo, el polvo de este ataque apenas había desaparecido cuando lo políticamente correcto emergió de nuevo y la muchedumbre comenzó a quejarse de la posibilidad de que nuestro patriotismo ofendiese a otros.”

En cuanto a la inmigración, Jonh Howard también fue preciso: “No estoy contra la inmigración, y tampoco siento rencor contra alguien que busca una mejor vida viniendo a Australia. No obstante, hay cosas que tienen que entender los que recientemente han venido a nuestro país, y, al parecer, algunos nacidos aquí. Esta idea de Australia de ser una comunidad multicultural ha servido sólo para diluir nuestra soberanía y nuestra identidad nacional. Como australianos tenemos nuestra propia cultura, nuestra propia sociedad, nuestra propia lengua y nuestro propio modo de vivir. Esta cultura ha sido desarrollada durante más de dos siglos de luchas, juicios y victorias por los millones de hombres y mujeres que han buscado la libertad. Hablamos principalmente el inglés, no el libanés, el árabe, el chino, el japonés, el ruso, o cualquier otra lengua. ¡Por lo tanto, si usted desea hacerse parte de nuestra sociedad, aprenda el idioma!"

Respecto a la raíz cristiana, y por tanto de sus valores éticos y morales, de la población australiana de origen no autóctono, John Howard fue meridianamente claro en su defensa: "La mayor parte de los australianos creen en Dios. Esto no es cosa de algún cristiano derechista, pero un hecho es cierto, y es que hombres y mujeres cristianos, fundaron esta nación sobre principios cristianos, y esto está claramente documentado. Es seguramente apropiado mostrarlo sobre las paredes de nuestras escuelas. Si Dios le ofende a alguien le sugiero que considere otra parte el mundo como su nueva casa, porque Dios es parte de nuestra cultura."

Para terminar, el primer ministro tendió una mano a las personas de otras confesiones o creencias: "Aceptaremos sus creencias, y no le haremos preguntas. Pero daremos por hecho que usted acepta las nuestras, y vive en paz y armonía con nosotros. Si la cruz le ofende, o no le gusta, entonces usted debería considerar seriamente marcharse a otra parte de este planeta. Somos felices con nuestra cultura y no tenemos ningún deseo de cambiarla, y realmente no nos preocupamos cómo hizo usted las cosas en su lugar de procedencia. Le cueste lo que cueste, proteja su cultura, pero no fuerce a otros. Este es nuestro país, nuestra tierra y nuestro modo de vivir, y le permitiremos la oportunidad de disfrutar de todo esto. Pero una vez que usted se queje, lloriquee, y no acepte nuestra bandera, nuestra promesa, nuestras creencias cristianas o nuestro modo de vivir, sinceramente le animo a hacer uso de otra gran libertad australiana: el derecho de marcharse."

Ustedes mismos.

Publicado por torresgalera @ 12:21  | Mundo
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Mi?rcoles, 04 de abril de 2007
Cristo crucificadoEn estos días en los que el mundo cristiano conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, he reencontrado entre mis lecturas un antiguo y hermoso poema que me ha retrotraído a los días ya lejanos de mi adolescencia en los que lo leí por vez primera. Se trata de “A Cristo crucificado”, una perla de la lírica castellana cuyo autor permanece anónimo.

Me ha parecido una buena idea contraponer un rasgo de belleza y serenidad a tanta acritud y desasosiego como reina entre nosotros. Por ventura no todo está perdido. Es mucha la gente que vive con humildad y recogimiento estos días de Semana Santa, porque nunca como hoy en día se hace más necesario el mensaje de Cristo y cobra más vigor su ejemplo de sacrificio por el género humano.

"A Cristo crucificado” es uno de los poemas más hermosos que se hayan escrito en lengua castellana en todos los tiempos. Se podría ir más lejos, sin temor a exagerar, si afirmáramos que se trata de uno de los textos líricos más grandes de la historia de la literatura.

Este poema fue escrito en el siglo XV español por un poeta que todavía nos resulta desconocido, aunque durante décadas se atribuyera su autoría a diferentes místicos, como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz; también al padre capuchino Torres y al franciscano Antonio Panes. Pero descartada por lingüistas acreditados la paternidad de estos versos, no por ello su belleza y maestría disminuyen.

La grandeza poética de dicho texto reside en su desbordante lirismo. Se trata de una apasionada declaración de amor a Jesucristo, iluminada por una fe sin concesiones ni tibiezas. Es una obra maestra del lenguaje poético, escrito en forma de soneto, que expresa magistralmente la dimensión humana del hijo de Dios.

Por su perfecta factura literaria, “A Cristo crucificado” figura como texto modélico en todas las antologías líricas en lengua castellana desde que lo incluyera en la suya, de Las Cien Mejores Poesías, don Marcelino Menéndez Pelayo.


A Cristo crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
el Cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en esa Cruz escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera Cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


                                                     Anónimo

Publicado por torresgalera @ 12:02  | Cosas que importan
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