Jueves, 27 de diciembre de 2007
Anicio Manlio Severiano Boecio (Roma, 475-Pavía, 524)Como quiera que estamos a punto de cruzar el umbral que nos situará en el 2008, la tradición nos mueve a desearnos, unos a otros, mucha suerte para cuanto nos ha de llegar en el nuevo año. Cada cual lo expresa con sus propias palabras, pero es de reconocer que los deseos más comunes que confiamos a la fortuna tienen que ver con la salud, el trabajo, el dinero y el amor.

Es curioso que de las diecinueve acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española recoge de la palabra «suerte», son las cuatro primeras las que sustancian la idea generalizada que tiene la mayoría de la gente sobre este vocablo. En primer lugar, el DRAE define dicho término como «Encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual». La segunda acepción señala la suerte como «Circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede». En el tercer caso, el DRAE recoge el sentido positivo que con frecuencia concedemos a la suerte: «Suerte favorable». Y, por último, cotejaré aquí el cuarto supuesto: «Casualidad a que se fía la resolución de algo».

Bien, no creo que sea necesario insistir en que, en realidad, lo que hacemos cuando se aproxima el nuevo año no es más que enunciar, para nosotros mismos y para el prójimo, nuestros mejores deseos. Claro está, existe un gran abismo entre el deseo y la realidad de los hechos, ya que lo que hacemos es fiar nuestro futuro a eso que los romanos llamaban Fortuna (una diosa caprichosa que favorecía o no a las criaturas humanas según le cayeran más o menos simpáticas). Pero lo cierto es que la suerte (o fortuna) es intrínsecamente inestable; adverso y favorable constituyen las dos caras de la misma moneda, que se manifiesta siempre con una cara o con otra: es su naturaleza, cambiante e imprevisible.

Pocos pensadores han sido tan certeros y juiciosos razonando sobre la suerte como Boecio (475-524). En La consolación de la filosofía, el escritor romano contrapone el amor a los vaivenes de la fortuna, puesto que «el Amor —afirma Boecio— mantiene el orden y la permanencia en el cosmos». Esta extraordinaria obra fue escrita en prisión, tras ser acusado injustamente de delitos infundados, y de la que sólo saldría para ser ejecutado vilmente mediante apaleamiento.

Más reveladora es todavía la reflexión que el filósofo cristiano hace sobre el azar, que, a fin de cuentas, es una representación de la suerte: «Si por azar entendemos un acontecimiento fortuito, sin ningún nexo causal, hay que afirmar que el azar no existe... En efecto, si Dios ha establecido el orden de todas las cosas, ¿qué lugar hay para lo fortuito? De la nada, en efecto, no se sigue nada... Y si un acontecimiento sucede sin causa, lógicamente es como si saliera de la nada. Y si esto es imposible, también lo será la existencia del azar, según lo acabamos de definir». En el diálogo que mantiene Boecio con la Filosofía, resume ésta: «Podemos, pues, definir el azar como un hecho o acontecimiento inesperado, producto de la conjunción de causas que actúan en la realización de un fin. La conjunción y coincidencia de causas procede del orden inmutable del universo, que tiene su origen en la Providencia y ordena todas las cosas en su tiempo y lugar».

Para concluir, debo señalar que tal y como están las cosas en nuestro planeta, no es de esperar grandes cambios, para bien, en 2008. Aquello a lo que llamamos buena suerte se manifestará en algunos casos —¡ojalá sea en muchos!—, pero en otros lo hará en forma de mala suerte. Porque las causas de nuestro destino estarán en las acciones de los hombres y en el devenir de la naturaleza marcada por sus leyes. No existen razones encomiables para creer que la ambición humana, extrema y desaforada en todas y cada una de sus expresiones, esté próxima a declinar. La realidad de nuestro mundo está muy lejos de ceñirse al postulado de Boecio sobre el Amor como único argumento mantenedor «del orden y la permanencia en el cosmos». Al menos nos queda el consuelo de que cada uno de nosotros tiene ante sí la oportunidad de intentarlo.

Publicado por torresgalera @ 19:57  | Pensamientos
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