Mi?rcoles, 12 de marzo de 2008

Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez LosantosA ciertos profesionales mediáticos del enredo, la intriga y la manipulación les espera una temporada no sé si será suficientemente larga de rabieta y pataleo. ¡Ojalá el ánimo se les mudase en desesperación! La decisión de Mariano Rajoy de convocar un congreso ordinario del PP, y anunciar que piensa concurrir a la reelección como líder de los populares con un nuevo equipo, ha sido recibida por estos pretenciosos gurúes del periodismo político como una afrenta personal: Rajoy no les ha consultado ni pedido permiso, toda una descortesía y un desprecio imperdonable.

A la cabeza de esos preclaros lumbreras de la política, amén de enredadores compulsivos, se encuentran Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez; no obstante, la lista de nombres es larga y variopinta, aunque con alguna excepción, casi todos ellos han jugado un papel de corifeos y turiferarios. Pero aquí lo que importa destacar —más bien dejar al descubierto—, es la sucia y funesta injerencia que durante la pasada legislatura han ejercido estos líderes mediáticos en la vida política del PP.

Desgraciadamente, cada día se extiende más la confusión entre el derecho a opinar, tanto de periodistas como de cualquier otro ciudadano, con la injerencia en los ámbitos que no son propios del profesional del periodismo: una cosa es el análisis, la crítica fundada sobre un orden determinado de valores, y otra muy distinta es que la discrepancia se transmute en doctrina de obligado seguidímo.

La prensa no está para juzgar a nadie sino para señalar con el dedo los desafueros y las contradicciones del sistema; para denunciar la corrupción, el cohecho y las malas prácticas democráticas de los gobernantes y representantes electos, de los funcionarios públicos y de cuantas personas e instituciones administran los derechos de los ciudadanos y sus bienes. En definitiva, la Prensa tiene como función primordial no sólo mantener informados a los ciudadanos de los asuntos públicos de especial relevancia, sino también fomentar la opinión pública mediante el debate y la confrontación de ideas.

En cambio, lo que es un disparate, un exceso imperdonable porque desvirtúa la naturaleza misma de la Prensa, es que los responsables de los medios de comunicación se erijan en estandartes no ya de las ideas, cualesquiera que sean, sino de las estrategias de los partidos, bien sea en la acción de gobierno o bien en el papel de oposición. Por esta razón Mariano Rajoy tiene todo el derecho a hacer lo que crea más conveniente para su partido y para él mismo. Si se equivoca, él y los que le secunden pagarán las consecuencias; y si acierta todo el PP y sus votantes se lo agradecerán dentro de cuatro años.

Lo que no debería repetirse es el lamentable espectáculo que han dado los estridentes e histéricos comunicadores de marras, haciendo escarnio de políticos como Alberto Ruiz-Gallardón, acusándole de las más abyectas felonías, enfrentándole a compañeros de partido y sometiéndole a un auto de fe en el ágora público. Este periodismo-espectáculo es de una bajeza moral impropia de líderes de opinión al servicio de una sociedad democrática.

Razones para argumentar la derrota electoral del Partido Popular liderado por Mariano Rajoy pueden haber muchas, unas verosímiles y otras no tanto. No obstante, jamás tendremos la certeza de cuáles han sido las motivaciones que han llevado a cada uno de los más de veinticinco millones de electores que participaron en los comicios del 9-M a elegir una opción u otra. En cualquier caso, el PP obtuvo unos resultados encomiables, aunque el vencedor fuera el PSOE. Por ello, el presidente de los populares tiene toda la legitimidad para tratar de impulsar a su partido hacia una eficiente política de oposición. La estructura y los militantes del PP tienen ahora la palabra. Los profesionales de la crítica y la retórica deberían hacer, de momento, un ejercicio de prudencia. La nueva legislatura ni siquiera ha comenzado. Así que a enredar cada uno con la familia de cada cual.


Publicado por torresgalera @ 20:47  | Pol?tica
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Viernes, 07 de marzo de 2008

Isaías Carrasco, ex-concejal socialista en Mondragón¿Es una casualidad que el asesinato del socialista Isaías Carrasco se haya producido en Mondragón, un municipio guipuzcoano gobernado por ANV (ETA)? Sinceramente, creo que no. Como señala Rosa Díez, «los terroristas utilizan las instituciones para tenernos a tiro». ETA ha vuelto al tiro en la nuca para dejar constancia, una vez más, que está viva y coleando; que la normalidad democrática sólo será posible si ella quiere; y que quién pretenda avanzar por la senda constitucional y el Estado de Derecho sin contar con su visto bueno, no le queda esperar más que sangre, dolor y lágrimas.

El temor a que la banda terrorista dejara su sello de muerte y destrucción antes del 9-M era un temor con fundamento. En realidad, el miedo ante la barbarie etarra vive instalado en la conciencia colectiva de los españoles desde hace cuarenta años. Los hechos demuestran que hay sobrados motivos para vivir en el temor. Una vez más, los comicios del próximo domingo estarán presididos por el luto.

La campaña electoral se ha suspendido unas horas antes de su finalización. Estamos en el tiempo —mientras el cadáver de Isaías Carrasco ni siquiera ha sido inhumado— de los gestos y las declaraciones rotundas y rimbombantes de los dirigentes políticos. Han tenido cuatro años para ponerse de acuerdo, sobretodo después del 11-M. Por eso, permitan que desconfíe. Si ni siquiera el «Espíritu de Ermua» —esplendoroso catalizador de la voluntad nacional— ha sido capaz de sobrevivir a una decena de años, cómo confiar —visto lo visto durante esta última legislatura— en que cualquier acción unitaria de los candidatos, de uno y otro signo, será apenas un remedo de apariencia y de voluntarioso compromiso, ante la opinión pública.

Enmendar los desafueros cometidos por el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, aun pretendiéndolo con sinceridad, tendrá un enorme coste. Ya lo estamos comprobando. No porque ETA haya vuelto a asesinar, que eso —como se puede comprobar— lo tiene al alcance de su mano en cuanto quiera, sino porque ZP ha vuelto a abrirle las puertas de las instituciones y ha legitimado su razón de ser. Y aunque a última hora, el presidente del gobierno ha rectificado ante la evidencia de la naturaleza totalitaria y delictiva de la banda terrorista, el mal ya está hecho.

Mal momento para sacar consecuencias de lo que se avecina. Esperemos que la jornada de reflexión y la electoral transcurran, en medio del dolor por esta vida inocente truncada con tanta vileza, con normalidad. El resultado de los comicios será el que decidan los españoles. El próximo lunes estaremos en condiciones de considerar si hay motivos para la esperanza.

Isaías Carrasco, descanse en paz.


Publicado por torresgalera @ 18:53  | Pol?tica
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