Viernes, 18 de julio de 2008

En la Grecia arcaica parece ser que fue Homero quien dio a la palabra ethos el significado de «morada o lugar donde habitan los hombres y los animales». Siglos más tarde, Aristóteles otorgó al vocablo una segunda acepción, más sutil e intelectual, entendiéndolo como «Hábito, carácter o modo de ser» que va incorporando en el hombre a lo largo de su existencia. Ethos, por tanto, significa «carácter», pero no en el sentido de talante sino en el sentido «del modo adquirido por hábito», y no por naturaleza. Dichos hábitos nacen «por repetición de actos iguales», en otras palabras, los hábitos son el principio intrínseco de los actos.

Ya en el siglo XX, Heidegger confirió al ethos un nuevo estatus:  «es el pensar que afirma la morada del hombre», es decir, su referencia original  construida en íntima complicidad con el alma; o, lo que es lo mismo, ya no se trata de un lugar exterior sino el lugar que el hombre porta a sí mismo. El ethos es el suelo firme, el fundamento de la praxis, la raíz de la que brotan todos los actos humanos.

Como quiera que -según la filosofía aristotélica- el ethos (carácter), el pathos (sentimiento) y el logos (palabra) constituyen los tres modos de persuasión en la retórica, el uso -o el abuso- de dichos elementos son determinantes en la configuración de la opinión pública y, en su defecto, en la manipulación de los sentimientos ciudadanos.

Esta reflexión viene a cuento ante la contumaz retórica utilizada por Rodríguez Zapatero desde que alcanzó la Presidencia del Gobierno. Su discurso político está dirigido única y exclusivamente a «mover y agitar el ánimo», que es lo que significa la palabra «patético», vocablo que tiene su origen en el griego pathos. Es, en definitiva, un discurso repleto de eufemismos, en la mayoría de los casos hilarantes. Y lo peor es que Zapatero ha impuesto su dialéctica a todos los dirigentes socialistas, tanto los que están en el gobierno como los que están en el PSOE.

La dialéctica del zapaterismo no es que sea relativista, es que de pura insustancialidad resulta perfectamente reversible: lo que hasta hoy ha negado, desde hoy es dogma de fe. El liderazgo carismático del gran timonel funciona a golpe de consignas: de negar la crisis hasta la exasperación, el zapaterismo ha pasado en horas veinticuatro a hablar de recesión con toda naturalidad; hasta el sesudo Solbes ha confesado que estamos «ante la crisis más compleja de la Historia». En otro tiempo Zapatero negaba el concepto de nación, porque éste es un asunto discutido y discutible, una entelequia del pensamiento rancio, un mito de la derecha; pero cuando las encuestas alarmaron el presidente se cuadró ante la bandera roja y gualda como el primer patriota.

Por esto, cuando escucho a Rodríguez Zapatero frases como «El pesimismo no ha creado ni un solo puesto de trabajo» o «Sólo navegaría en un barco en el que el capitán diga que tiene plena confianza», no puedo evitar identificarle con uno de aquellos oradores grandilocuentes y de discurso huero (estilo José Solís), que enfatizan ante los micrófonos las bondades del régimen y las dificultades las adjudican a los zafios enemigos o a la pérfida Albión, en este caso a la subida del precio del petróleo. Más le valiera a nuestro patético presidente olvidarse de las encuestas y ponerse a trabajar de una vez. Resultaría irónico que su buenismo, su talante de diálogo, su conciencia hacia las minorías sociales, su laicidad y su redentorismo histórico terminasen sucumbiendo ante el rechazo de una inmensa mayoría de clases medias que ve como se arruina su expectativa de bienestar.

Cada día se percibe con mayor claridad que el carácter (ethos) de Zapatero se ha forjado con una frágil e insustancial arcilla ideológica, y que su sesgado sentimiento (pathos) deriva en un sufrimiento existencial por el recurso excesivo a una dialéctica (logos) repleta de falsos tópicos, rencorosos prejuicios  y ensoñaciones estériles.


Publicado por torresgalera @ 21:26  | Pol?tica
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Mi?rcoles, 09 de julio de 2008

Cuando apenas han transcurridos cuatro meses desde que el PSOE ganara las elecciones generales, Rodríguez Zapatero, el gran timonel del socialismo rampante, ha cambiado la hoja de ruta de lo que ha de ser su política de gobierno -aún inédita- en la presente legislatura. Reafirmándose en su concepto de «Democracia deliberativa», el recién reelegido -a la búlgara, con el 98,5% de los votos- secretario general del PSOE ha decidido prescindir del programa electoral con el que se presentó a las legislativas, y no ha dudado en sustituirlo por otro nuevo extraído de las resoluciones aprobadas en el XXXVII Congreso Federal del partido.

Como se puede comprobar, una vez más, en ZP nada se puede dar como cierto, como verdad inamovible, como certeza incontestable. Su sentido de los principios está fundamentado en una cierta idea difusa y romántica de un pasado nostálgico a fuer de falso; el presidente Rodríguez vive instalado en una ensoñación sentimentaloide, atravesada de prejuicios y rencores enfermizos. Por eso no le duelen prendas a la hora de explorar cualquier sendero que le acerque a la ilusión de su destartalada quimera. Rodríguez se alimenta exclusivamente de la fatuidad de unos modales sosegados con los que disfraza su repulsa a toda forma de aristocracia (nobleza, del griego aristo). Esta es la razón por la que ha aprovechado las resoluciones políticas del congreso socialista para dar carpetazo al programa electoral.

Ningún observador atento pasa por alto que Rodríguez Zapatero se siente infinitamente más cómodo en la confrontación con el PP cuando el debate se plantea en el terreno de la política social. Al proponer ahora una agenda perfilada de aristas éticas -eutanasia, aborto, laicismo, etcétera-, los socialistas pretenden reabrir el debate en la retaguardia de su adversario. Es lo que José Blanco, el nuevo vicesecretario general del PSOE, llama «avanzar en la democracia social». De esta forma, y con lo que está cayendo, el zapaterismo -que gestiona mal y gobierna peor- pone de manifiesto su formidable intuición para embarrar el debate público y jugar en una cancha enfangada por la discordia: se siente cómodo en la dialéctica divisionista, en la bipolaridad esquemática, en la radicalidad que vacía de moderación el espacio político.

Una vez más la mentira ha sido instalada en el corazón de la vida pública. Decía Jean Françoise Revel en El conocimiento inútil, que «la mentira es una especie de hilandera que teje y que desteje la irrealidad a conveniencia». Por eso ZP ha situado el epicentro de su política para los próximos años en el terreno que a él le conviene. ¿Qué le importa al líder providencial que sus electores le reprochen el cambio de estrategia? Él ya lo tiene todo bien calculado: no hay crisis económica, y los problemas que pueda padecer nuestra economía no dependen de nosotros sino que vienen del exterior. En cuanto a lo importante que hay que atender en adelante, pues ya lo ha dicho: cambiar la ley para que las mujeres puedan abortar con más libertad, mejorar la legislación para que los moribundos o enfermos terminales sufran menos y puedan acortar su agonía, y erradicar todos los símbolos católicos de las instituciones públicas y arrinconar a la Iglesia católica a la mera actividad privada. El debate entre progresismo y conservadurismo está de nuevo servido.


Publicado por torresgalera @ 15:19  | Pol?tica
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Lunes, 07 de julio de 2008
Nadal gana WimblendonDesde un rincón cualquiera del Levante español, cerca del mar, uno percibe el pulso de la política nacional como un eco lejano de perfiles difusos. Sólo el ruido de los medios de comunicación, descaradamente provocadores, zarandea y despierta el ánimo relajado en menesteres más prosaicos, como si se tratara de aquella arcaica voz plebeya que susurraba al general victorioso —mientras paseaba el «triunfo» otorgado por el Senado de Roma— estas palabras: «recuerda que eres mortal».

Así son las cosas. Que cada día somos más mortales es una evidencia empírica muy difícil de ignorar. No hay más que leer los periódicos, atender someramente la televisión, la radio o internet para comprobar que lo que la especia humana gana por un lado lo pierde por otro, quizás a más velocidad de lo que se le supone. Como muestras sólo dos botones: el primero de ellos el mayestático ejemplo de madurez política que se ha desprendido durante el XXXVII Congreso del PSOE celebrado este fin de semana. Reflexión profunda y de rigor intelectual en todas sus ponencias y debates; oratoria de sus máximos líderes repleta de hondura y sentido común; renovación entusiasta de los cuadros dirigentes. En fin, un verdadero ejercicio de ilustración política democrática. El trinomio Zapatero-Blanco-Pajín inauguran una nueva era para la esperanza de la humanidad.

Y mientras la ciudadanía apenas se sobrepone a los efectos de la exultante conmoción que ha protagonizado la selección nacional de fútbol, los congresos regionales del PP de Cataluña y Baleares se han resuelto —el primero a cara de perro y por los pelos y el segundo esgrimiendo rencores y hasta demonizando al anterior líder (Jaume Matas) regional— en medio de hilarantes enfrentamientos. Menos mal que la recién estrenada secretaria de organización, Dolores de Cospedal, se ha hartado de proclamar la unidad del partido como el activo más estimable.

Esto no ha hecho más que comenzar. La legislatura todavía está incipiente y el devenir que nos espera incierto. Entretanto, merece la pena que los ciudadanos busquemos en nuestros propios quehaceres las razones de nuestras propias ilusiones. Seguro que son más satisfactorias. El verano es una buena ocasión para soñar. Rafael Nadal nos ha echado una mano a todos desde Wimblendon. Gracias Rafa, de todo corazón.

Publicado por torresgalera @ 1:15  | Pol?tica
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