Mi?rcoles, 18 de marzo de 2009

Nasciturus«Matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre». Esta frase -escrita por Sebastian Castellio hace casi quinientos años, y recogida de su libro Contra Libelum Calvini- resume la esencia de su crítica hacia el crimen que perpetró Juan Calvino al condenar a Miguel Servet a morir en la hoguera. Aquella gran controversia entre eminentes teólogos protestantes, entre titanes intelectuales, en realidad fue un combate dialéctico desigual, que primero acabó con el humanista español asado a fuego lento y, más tarde (de no mediar antes la muerte) hubiera acabado con la vida del insigne Castellio en un trance semejante.

Y es que, como bien señalaba Castellio, defender una doctrina, sea esta de la naturaleza que sea (política, religiosa, científica o moral), no legitima a ningún ser humano a quitarle la vida a otro por el simple hecho de disentir o no darle la razón. Es obvio que, siempre, la tentación de matar, de asesinar o de aniquilar al oponente, parte no del que tiene la razón sino del que tiene la fuerza. Así ha sido a lo largo de la historia de la humanidad y así sigue siendo. Los espíritus vesánicos y doctrinarios se han prodigado, en una repetición incansable, causando grandes sufrimientos y calamidades a sus semejantes. Y lo peor de todo es que siempre han contado con la anuencia, cuando no con el respaldo, de una numerosa prole de corifeos y aduladores, muchos de ellos espíritus nobles pero ingenuos, que han antepuesto su confort y su beneficio inmediato a los rigores de una actitud crítica y desafiante.

Ahora asistimos los españoles, una vez más, a un debate público que nos afecta de manera singular y extraordinaria a cada uno de nosotros: la reforma, para su ampliación, de la Ley de despenalización del aborto. Parece que todo el mundo está de acuerdo en que el fondo de este debate es de índole moral. Para los que apoyan y defienden esta iniciativa legislativa -auspiciada por el gobierno socialista presidido por José Luis Rodríguez Zapatero- el fondo de la cuestión atañe exclusivamente a la conciencia del individuo, y, por tanto, ampliar el ámbito de las circunstancias personales para abortar constituye una mejora en la seguridad jurídica de dichas prácticas abortivas. Otros, en cambio -la jerarquía de la Iglesia católica, buena parte de la comunidad científica, de la intelectual y al menos la mitad de la sociedad-, consideran que la vida humana es una e indivisible desde el momento mismo de la fecundación; por tanto, erradicar la vida del feto constituye un acto de violencia suprema, un crimen.

Esta es la clave de la discusión. Los partidarios de la reforma de la Ley consideran que el debate no es «aborto sí, aborto no», pues dicho debate ya se ventiló, favorable al sí, en 1983. Ahora lo que se ventila, según éstos, es la necesidad de mejorar la seguridad jurídica de las mujeres que decidan abortar y de los médicos que las asistan. Por su parte, para los contrarios al aborto la Ley actual es más que suficiente y lo que hay que conseguir es que se aplique adecuadamente. No obstante, esta ocasión, para los defensores a ultranza de la vida humana, es una nueva oportunidad para defender su convicción de que la vida del nasciturus debe ser salvaguardada por encima de cualquier contingencia de la madre. Se trata de una obligación moral que afecta a toda la sociedad por dos razones fundamentales: la primera, porque la vida humana es un bien inviolable y, segunda, porque el no nacido está incapacitado para defenderse. Se trata, como puede comprobarse, de dos realidades irrefutables y omnipresentes, que trascienden los supuestos derechos de la mujer y de su propia conciencia.

El hecho de que la vida humana se geste en el útero de la mujer no otorga a la madre ninguna potestad sobre la vida del hijo, de la misma manera que la madre no puede decidir sobre la vida del hijo nacido, aunque sí tiene potestad sobre sus cuidados y su educación.

En resumidas cuentas, si se acepta la conclusión científica (irrefutablemente demostrada) de que el feto constituye una vida humana única e indivisible desde la formación de la célula-cigoto (con su carga genética propia), recurrir a la conciencia de la madre como argumento para justificar el recurso al aborto, no es más que un artificio retórico fundamentado sobre un inmoral sofisma. La primaria actividad sexual tiene su razón de ser en la reproducción de la especie. Y aunque el ser humano, además, haya encontrado en dicha sexualidad una fuente inagotable de placer, la racionalidad que pueda imprimir a este goce no puede derivar en violencia a terceros cuando la consecuencia viva del descuido se ha convertido en irremediable. Esta es la parte del discurso proabortista que casi siempre se elude. En cambio se recurre con excesiva frivolidad (yo diría irresponsabilidad) a los medios abortivos para «solucionar» las consecuencias de la sexualidad cuando estas no son bienvenidas. Y se diga como se diga, «matar a un hombre no será nunca defender una doctrina (ni un derecho), será siempre matar a un hombre».


Publicado por torresgalera @ 17:09  | Pensamientos
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Comentarios
Publicado por Angel Torres Canales
Viernes, 03 de abril de 2009 | 12:13
Una bellota no es una encina
Un bl?stula, etc, no es una persona.
Desde que est? la bellota formada, con todos sus cromosomas (potencialidad) hasta que se hace una encina, hacen falta que otros muchos factores coincidan positivamente para que esa evoluci?n se realice.
(Continuo en otro comentario)
Publicado por Angel Torres dos
Viernes, 03 de abril de 2009 | 12:19
Una pareja de humanos, macho y hembra, est?n capacitados para engendrar un n?mero determinado de seres humanos, en funci?n de la capacidad ovulatoria de la hembra. La identidad o conformaci?n de cada individuo se realizar? al azar, el n?mero de individuos ser? grande pero ser? un n?mero determinado de individuos.
?Qu? es de los miles de individuos perdidos potencialmente en cada menstruaci?n? ?Los individuos NO NATOS se quedan en el limbo infinito de los cielos??Cuantos Einstein se pierden?
Publicado por Angel Torres tres
Viernes, 03 de abril de 2009 | 12:34
Somos muy dados a la simplificaci?n.
Los comentario que he hecho, no es ?irme a los cerros de ?beda?, son por tratar de dar un paso m?s y llevar el debate a otro nivel (quiz?s mas trascendente).
El hecho de que entren en juego SERES EN POTENCIA, abre grandemente el terreno especulativo.
Si a alg?n investigando se le cayera por azar una gota de esperma en unos ?vulos ?la asignaci?n de caracteres humanos se realizar?a? ?ser?a un crimen no hacer lo posible para que esos seres humanos nacieran?
Publicado por juan carlos
Jueves, 28 de mayo de 2009 | 23:08
Excelente blog, le felicito por su excelencia en el arte de escribir, su dedicaci?n y de manera especial, por su dominio de tantos y tan fundamentales temas.
Supremac?a Moral
Te voy a contar una cosa... entr? a buscar algo que se me hab?a ocurrido mientras ve?a la tele, "tengo que buscar en internet, "supremac?a moral", poco despu? y gracias a que me acord?, realic? la tarea donde encontr? su blog. Me v? autom?ticamente simpatizado a dedicarle unas letras de ?nimo y admiraci?n.