Lunes, 27 de abril de 2009

Nadie es más ciego que el que no quiere ver, afirma desde antiguo el saber popular. Pero si, además, el error contumaz es ejecutado con ignorancia, imprudencia o presunción, estamos asistiendo a un caso clamoroso de necedad, propio de gentes que tienen trastornada la razón y, posiblemente, enfermo el espíritu. Así como en La conjura de los necios, la deslumbrante novela de John Kennedy Toole, su protagonista, el ingenuo y orate Ignatius J. Really, trata de remediar los males del mundo desde el interior de su habitación, y con sus iniciativas lo único que consigue es empujar la rueda de la Fortuna hacia una disparatada secuencia de acontecimientos a cual más caótico, de forma similar ocurre en España con nuestro insigne y extraviado líder carismático, Rodríguez Zapatero, que con su proteica ignorancia y su engreída vacuidad se ha sumergido en una delirante política -acompañándose de los personajes más inanes e incompetentes- con la que está hipotecando para mucho tiempo las ilusiones y esperanzas de millones de españoles.

El enrocamiento del presidente en unas posiciones de trinchera, construida con unos pocos materiales ya poco consistentes, por tópicos y desgatados (defensa falaz de los intereses de los más desfavorecidos, maniqueísmo ideológico, buenísmo dialéctico, estulticia con las minorías sociales y virulentos complejos izquierdistas e históricos), ha derivado en una errática -y con frecuencia contradictoria- política que no ha hecho más que producir perplejidad, desazón y desconfianza en los ciudadanos. Por eso él, Rodríguez Zapatero, que tanto se ha ufanado y presumido de lo importante que es transmitir confianza, ha terminado -en poco más de una legislatura- por perderla toda. Ya nadie le cree, salvo, claro está, aquellos que se benefician directamente de las sinecuras, prebendas y canonjías con que les ha agraciado el PSOE, ya sea en la esfera de la administración central, de la autonómica o de los ayuntamientos bajo su control. ¿Quién va a creer a estas alturas a la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, cuando afirmaba el pasado domingo que en España no existe ningún riesgo de que nos pueda afectar la "peste porcina" que ha comenzado a padecer México y Estados Unidos? Basta que afirme esto la ministra para que nos echemos a temblar (horas después se ha confirmado el primer caso). O cuando el pasado viernes, tras el Consejo de Ministros, la vicepresidenta segunda y ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, contestó con un rotundo «porque no» como único argumento a la pregunta (por segunda vez) de si temía que España pudiera alcanzar los cinco millones de parados; con tan solvente argumentación para justificar esta respuesta es muy difícil que los ciudadanos se substraigan a la íntima convicción de estar resbalando por el borde del precipicio. Y es que lo más dañino y perjudicial para cualquier república (rex publica) no es estar dirigida y gobernada por necios, sino que muchos necios elijan entre los suyos al más necio de todos.


Publicado por torresgalera @ 14:14  | Pol?tica
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