Jueves, 04 de junio de 2009

Leire PajínVestalDurante los más de once siglos que duró la civilización latina,Vesta fue acaso la diosa que mayor dificultad de visualización ofreció a los romanos de todos los periodos históricos. Identificada como diosa del hogar -el lugar donde nacían y se criaban los hijos, donde se les transmitía la memoria de los antepasados y se les enseñaban las tradiciones de la familia y la comunidad, y donde el padre ejercía su autoridad-, los romanos (Hestia era la equivalente en la antigua Grecia) simbolizaron en el fuego del hogar -la patria- el espíritu de los valores más sagrados e inmutables: por eso construyeron en Roma un templo que simbolizaba todos los hogares patrios dedicado a la diosa Vesta, donde se guardaba el fuego eterno. Y para proteger y cuidar de que este fuego nunca se apagara, los romanos decidieron -excepcionalmente- que fueran seis vírgenes sacerdotisas las encargadas de tan encomiable y honrosa responsabilidad.

Claro que, desde entonces, los tiempos han cambiado una barbaridad. También es cierto que en los días que corren todos andamos como locos, cada uno a su bola, pendientes de cómo pagar la hipoteca cada mes, de las letras del coche, la factura de la ortodoncia del niño, los plazos del préstamo de las vacaciones, y así un sin fin de obligaciones que nos llevan por el camino de la amargura. Excuso decir si encima estás en el paro, o si tienes que pasar a tu ex la pensión alimenticia por los hijos (algunos con más de veinte años). La locura, ya digo, un dislate que no deja tiempo para nada, y menos para estar pendiente de los viejos valores, de las tradiciones seculares, de la ética perenne o de la metafísica del alma. ¡Hasta ahí podríamos llegar!

Pero mira por dónde acabamos de descubrir que existen personas dedicadas en cuerpo y alma a velar por los valores más sagrados de la humanidad; que en un ejercicio ejemplar de renuncia han entregado su vida a salvaguardar -como las vírgenes vestales- el fuego eterno de la virtud, de la moral y de la ética social y política, no de los españoles, ni de los europeos, sino del planeta Tierra, y si me apuran ustedes, del sistema planetario solar e, incluso, galáctico. Bueno, a lo mejor esto último es un poco exagerado.

Lo cierto es que ayer, la diosa Vesta se reveló -o corporeizó- ante la humanidad planetaria. Fue todo un prodigio. Una sorpresa mundial que dejó a las naciones estupefactas. Leire Pajín, el número tres del socialismo obrero español se nos reveló como una diosa (no una vestal, porque creo que no es virgen; creo...), y nos hizo una revelación que ha de cambiar el curso  de la Historia. Grábense, por favor, esta profecía, porque dentro de poco se convertirá en luz del Universo: «Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico. La presidencia de Obama en Estados Unidos y la presidencia de Zapatero en la Unión Europea en tan solounos meses».

Sinceramente pienso, que lo peor de este exabrupto oratorio es que sobrepasa los límites razonables de la retórica política, y deja en evidencia tal raquitismo intelectual que sólo sería justificable si hubiera sido pronunciado bajo los efectos de una alta dosis de alcohol, o de algún tipo de alucinógeno, o, tal vez, de algún ansiolítico en dosis excesiva. Yo me inclino más por una mezcla de analfabetismo funcional mezclado con una grave carencia de pudor y respeto por sus semejantes. No sé si a la diosa Pajín le pasará lo mismo que a su homónima Hestia, que fue devorada por su padre al poco de nacer. Y aunque luego la amaron otros dioses (y otros quisieron violarla), mucho me temo que la leyenda de esta deidad de rostro antiguo no alcanzará la fama en siglos venideros, si acaso pasará en los próximos años a formar parte de la antología del disparate y la zafiedad política durante los gobiernos de Zapatero.


Publicado por torresgalera @ 20:50  | Pol?tica
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