Viernes, 26 de junio de 2009

Cada día me cuesta más ponerme a escribir sobre los asuntos de actualidad que afectan a la mayoría de los españoles. Desde la última vez que lo hice para este blog han pasado muchas cosas, pero casi todas ellas en la línea de estupidez y zafiedad que viene caracterizando nuestra vida pública desde hace unos años. A parte de los resultados electorales de los comicios europeos del pasado 7 de junio (que me parecen anecdóticos, porque difícilmentese puede extraerse de ellos algo que sirva para remediar la actual situación, salvo hacer conjeturas), y de la persistente contumacia de los terroristas vascos en seguir asesinando y extorsionando, poco o nada ha cambiado en el panorama nacional, si a caso para peor. Y no me refiero tanto a la evolución de los problemas mismos (crisis económica, aumento del paro, situación de la justicia o de la educación, contenciosos sociales...), sino al progresivo deterioro ético y moral que evidencia ese universo de dirigentes políticos, sociales, económicos y culturales, invadiéndonos día tras día a través de los medios de comunicación.

Como botón de muestra de la estulticia en la que han sumido a la sociedad española nuestros representantes electos (en cada legislatura son, en general, más cortos de entendederas y de cultura más precaria), vengo a resaltar el indecente espectáculo ocurrido ayer jueves en el Senado. No es la primera vez que ocurre ni será la última. Lo cierto es que la Cámara Alta pagó 7.500 euros por el servicio de siete traductores (2 de catalán, 2 de euskera, 2 de gallego y 1 de valenciano), para traducir del castellano -y viceversa, supongo- la sesión de la Comisión General de las Comunidades Autónomas, en la que el vicepresidente tercero intervino para hablar de financiación autonómica.

Desde luego todo es muy legal, porque así está legislado desde 1994, lo cual no deja de ser una licencia de retórica política en un país en el que todos los ciudadanos están obligados a conocer y hablar el castellano. Otra cosa es que en el parlamento catalán cada diputado utilice la lengua que más le plazca (castellano o catalán) porque ambas son oficiales en la comunidad. Pero como el rigor y la seriedad son cualidades que escasean en la vida política española, no importa que vivamos en medio de una crisis económica de magnitudes desconocidas, y que más de cuatro millones de ciudadanos se encuentren sin trabajo. Aquí lo importante es que sus señorías se refocilen en su mundo virtual, y que seamos los demás los que les financiemos sus quiméricos delirios.


Publicado por torresgalera @ 15:11  | Pol?tica
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