Domingo, 01 de noviembre de 2009

Son muchos los que, por ignorancia o bien por simplismo intelectual, reducen el paradigma de la actividad política a la dicotomía entre dos realidades funestas: o aceptamos el sistema democrático actual (con sus vicios y perversiones) o nos veremos arrojados a los brazos de unos dictadores que nos pongan en fila y marquen el paso de nuestras vidas. Craso error que no demuestra más que una prodigiosa cortedad de miras. Y es que entre una dictadura y una mala democracia existe un término medio muy beneficioso y equidistante de los mencionados extremos: una buena y auténtica democracia.

Es obvio, y en esto estamos todos de acuerdo, de que no existe ningún sistema de relaciones humanas que sea perfecto. La razón es sencilla, dado que el ser humano es en su desarrollo evolutivo ─especialmente en el psíquico y racional─ muy imperfecto, difícilmente podría haber pergeñado a estas alturas de su presencia en la Tierra como especie un modelo de convivencia perfecto y adecuado para todos y cada uno de los individuos de la raza humana. De modo que lo razonable es pensar y aceptar que si la libertad es el ámbito natural de la condición humana, lo que hoy día entendemos como democracia debería de ser el único modelo sobre el que deberíamos trabajar para hacer posible la convivencia; eso sí, esforzándonos en perfeccionarla y mejorarla.

Ahora surge la gran pregunta: ¿Existe verdadero interés por parte de los responsables de las organizaciones políticas actuales, sean del signo ideológico que sean, de cambiar y mejorar el modelo de democracia en el que estamos inmersos? Sinceramente, mi opinión es que no, que no existe la menor inquietud ni preocupación por pulir, remediar o mejorar nuestra democracia parlamentaria representativa. Nadie se propone ni tiene entre sus prioridades reformar la ley electoral, para limitar la excesiva influencia de los regionalismos (que sólo tienen representación en sus territorios) en el conjunto del Estado o Nación. Nadie que de verdad crea en España como Nación está dispuesto a emprender una reforma constitucional para remediar las ambigüedades y los excesos cometidos al amparo del título octavo de la Carta Magna. Nadie tiene el menor interés en restituir los contrapoderes, de manera que el poder legislativo y el poder judicial fortalezcan la musculatura y el espíritu democrático de la sociedad, toda vez que el poder ejecutivo se vea impelido a una ejecutoria traslúcida y volcada en los problemas reales de los ciudadanos, y no en malabarismos retóricos y piruetas demagógicas dirigidas a desactivar a la oposición y a perpetuarse en el poder.

No. Ya está bien de obstruccionismo político sistemático. Ya está bien de “Y tú más”. Ya está bien de que la maquinaria de los partidos imponga su ley a los de dentro y a los de fuera, incluso que quiera gobernar a la prensa. Hay que acabar de una vez con la partidocracia que cada día tiraniza un poco más a la sociedad, y para ello es necesario que la imprescindible reforma de la ley electoral acabe de una vez con las listas cerradas, que los candidatos elegidos respondan de sus actos y actúen en conciencia. En fin, nuestra democracia está lejos de ser un modelo perfecto, sobre todo porque los partidos políticos así lo quieren, pero que no pretendan sus dirigentes asustarnos con que peor es la dictadura porque eso es recurrir al matonismo. Tan corrosiva como la dictadura (un régimen represor impuesto por la fuerza pero en el que cada cual sabe el lugar que ocupa) es una seudo-democracia, en la que únicamente tiene de democracia su aspecto nominal y formal, y donde se utiliza, manipula y engaña al individuo hasta vaciarlo de contenido, y donde el lenguaje ha sido corrompido hasta la desfiguración. Y ya se sabe, sin lenguaje no hay conciencia, y sin conciencia no hay hombre.


Publicado por torresgalera @ 14:32  | Pol?tica
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Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 18 de noviembre de 2009 | 11:59
La realidad es as? de expresiva. Siendo como somos, productos de un determinado contexto, apenas una fracci?n invisible es capaz de levantar la cabeza y respirar por encima de la niebla que nos envuelve.
Es m?s c?modo, para el administrado y el administrador, recorrer el camino sin mover una sola piedra, que intentar buscar uno nuevo, aunque podamos aspirar a encontrarlo y a que este sea mucho m?s productivo a toda la sociedad. ?Falta de entusiasmo? ?Sociedad con pies de plomo? Viva la niebla.