Viernes, 13 de noviembre de 2009
Piratas somaliesLa piratería es una actividad delictiva muy antigua. En las aguas del mar Mediterráneo es conocida desde bastantes siglos antes de Jesucristo. De modo que figúrense ustedes la enormidad de tentativas que han sido probadas por los poderes de todos los tiempos para combatir, castigar y acabar de una vez con esta terrible lacra histórica. No hay que olvidar que hasta el siglo XVIII eran frecuentes en las costas del levante español, incluidas las islas Baleares, las acciones de saqueo y rapiña de los piratas magrebíes, que no solo atacaban y abordaban a barcos mercantes sino que echaban pie a tierra y asolaban pueblos y ciudades de la costa, saqueando todo cuanto encontraban a su paso, a la vez que raptaban y secuestraban a quienes les venía en gana, especialmente mujeres jóvenes y niños de ambos sexos.

Merece la pena mencionar, a modo ilustrativo, la piratería a lo largo de los siglos XVII y XVIII en los mares y costas del continente americano. Fue esta la época del florecimiento de los bucaneros o piratería a gran escala, unas veces promovida a iniciativa privada y otras alentada por la envidia y codicia de las coronas enemigas de España. Durante el reinado de los Austrias en el trono de Castilla, el mar de las Antillas se infestó de piratas a los que se dio en llamar filibusteros (del francés flibustier). Luego, con la dinastía de los Borbones, llegaría el tiempo del terror bucanero (del francés boucanier). En ambos siglos el objetivo principal fue el de interceptar los galeones españoles que regresaban de las colonias americanas con las bodegas repletas de metales preciosos y otras mercaderías, aunque también era habitual el ataque y asalto a ciudades portuarias.  

En los dos últimos siglos han sido las aguas del Pacífico y, sobre todo, las del Índico, las que han servido de escenario de esta pérfida actividad humana. Lo cual demuestra la indudable dificultad que entraña erradicar esta forma delictiva. Ya desde los tiempos de la antigua Roma, el poder de la república y del imperio fueron incapaces de exterminar la piratería, por muchas escuadras de guerra que fletaran para combatirla: siempre renacían los corsarios de suscenizas.

PiratasSin lugar a dudas, una de las víctimas más famosas que dieron los siglos fue la del insigne Miguel de Cervantes, héroe en Lepanto y poco tiempo después apresado por piratas norteafricanos y hecho cautivo, durante cinco años, en Argel, hasta que alguien misericordioso pagó el rescate y el genio de las letras españolas pudo regresar a casa con vida. Por eso, para tratar de remediar tanta impunidad, se instituyó por entonces la costumbre de «salir a corso», que no era otra cosa que perseguir a los piratas con barcos civiles (generalmente mercantes), con el debido permiso de la autoridad nacional.

Así describe la Real Academia de la Lengua la primera acepción de «corso»: Campaña marítima que se hace al comercio enemigo, siguiendo las leyes de la guerra; Campaña que hacían por el mar los buques mercantes con patente de su gobierno para perseguir a los piratas o a las embarcaciones enemigas. En su último artículo en el dominical XLsemanal, Arturo Pérez Reverte relata la historia de Antonio Barceló, un marino mallorquín del siglo XVIII que cosechó fama no sé si también fortuna como «corsario» (se dice del buque que andaba al corso, con patente del gobierno de su nación. Se dice del capitán de un buque corsario y de su tripulación): «D. Antonio Barceló con su jabeque correo rinde a dos galeotas argelinas. Hijo de un marino comerciante y corsario, embarcó siendo niño en los barcos de su padre. La primera fama la consiguió con sólo 19 años, en 1736, cuando ya navegaba como patrón del jabeque correo de Palma a Barcelona, y empezó a darse candela con los piratas norteafricanos que infestaban el Mediterráneo occidental. […] Barceló libró combates y abordajes de punta a punta del Mediterráneo. Combatió a los piratas y corsarios, e hizo él mismo la guerra de corso con resultados espectaculares. Sin complejos. Su ascenso a teniente de navío lo consiguió por la captura al arma blanca de un jabeque argelino, que le costó dos heridas. Sólo entre 1762 y 1769 echó a pique 19 barcos piratas y corsarios norteafricanos, hizo 1.600 prisioneros y liberó a más de un millar de cautivos cristianos».

En estos momentos en que escribo, 52 vigilantes de seguridad privada viajan a las islas Seychelles para embarcar en los ocho atuneros españoles allí atracados. Sus capitanes, además, esperan a que se resuelva el secuestro de los 36 tripulantes del pesquero vasco «Alakrana» por piratas somalíes, así como la devolución del barco. El asunto ha pasado de un desgraciado acto de piratería ─con su consabido chantaje de pago de recate a cambio de la vida de los tripulantes─ a una crisis de estado. Los piratas no se conforman con los dos millones de euros exigidos como botín, sino que ponen como condición sine qua non la devolución de los dos compinches apresados por la Armada española dos días después del secuestro. El Gobierno de Rodríguez Zapatero está empantanado en un lodazal sin precedentes, dado su ausencia de criterio (vive en la improvisación, la ocurrencia y el golpe de efecto). Por otra parte, su estéril buenísmo inhabilita el despliegue de dos fragatas y otras fuerzas militares, con lo que ello implica de derroche económico y de descrédito ante la opinión pública nacional e internacional: cualquier cosa menos un acto de autoridad.

Para terminar, yo pregunto: Primero, ¿si se sabe que aquellas aguas del Índico son inseguras, por qué acuden los barcos españoles a faenar en ellas? ¿No deberían evaluar los riesgos y, en todo caso, asumir sus costes los armadores? Y, segundo, ¿para qué se envían efectivos militares a la zona si no se está dispuesto a ser implacable con los piratas? Considero que tal y como están las cosas lo mejor sería desatascar el asunto por la vía rápida (devolver los dos piratas, fijar el recate y pagar). Con la tripulación a salvo, ejecutar una acción militar ejemplar en las principales bases de piratas somalíes. Además, concesión por el gobierno de «patente de corso» a todo buque español que lo solicite, pero en la seguridad de que el gobierno no atenderá con dinero público ninguna ayuda que pudieran solicitar armadores y tripulaciones particulares. Y, por último, dejar claro que el gobierno no negociará en adelante con ninguna banda de piratas u organización terrorista.


Publicado por torresgalera @ 18:40  | Mundo
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Publicado por Invitado
Domingo, 12 de febrero de 2012 | 18:10

www.youtube.com/watch?v=txd7Jc5Hi98