Mi?rcoles, 19 de enero de 2011

Vivimos en una sociedad cada d?a m?s tiranizada. Tiranizada por los poderosos econ?micos y por los poderosos pol?ticos. Los primeros se sirven de las grandes corporaciones financieras, industriales, comerciales o medi?ticas para ejercer su influencia y su control social. Los segundos se parapetan en las mastod?nticas estructuras de los partidos para desplegar sus estrategias de manipulaci?n ideol?gica, cuya finalidad no persigue m?s que alienarnos bajo sus consignas. Eso s?, unos y otros edulcoran sus t?cnicas dominadoras mediante el uso reiterativo de una dial?ctica efectista y aduladora de la ciudadan?a. La caracter?stica esencial de estos ?tiranizadores? es que hacen del poder un fin en s? mismo.

Nada nuevo bajo el sol. Nada que no haya ocurrido siempre, desde que el ser humano vive asociado a sus cong?neres, aunque con alguna novedad a?adida: que los que hoy se postulan para tiranos lo hacen enarbolando el estandarte de la libertad y la justicia. Tanto la derecha como la izquierda act?an movidos exclusivamente por un ansia infinita de codicia y ambici?n. Y para conseguir sus fines cuentan con eficac?simas herramientas de control de masas: la propaganda ha alcanzado cotas muy elevadas de eficiencia gracias al poder alienante de los medios audiovisuales y las nuevas tecnolog?as de comunicaci?n. Todo este entramado propagand?stico y medi?tico est? favoreciendo el arraigo de una conciencia social de realidad virtual. Nada m?s lejos de la naturaleza genuina del ser humano. ?

La derecha, en general, se mueve m?s por intereses econ?micos que por ideolog?a. La defensa de la libertad es la gran coartada para imponer su insaciable avidez depredadora. El libre mercado ha sido reducido a un mero pretexto con el que justificar todo tipo de pr?cticas especuladoras y ventajistas (un ejemplo es la actual crisis financiera mundial). Eso s?, tanto desaprensivos y advenedizos como circunspectos pr?ceres econ?micos arguyen el progreso como coartada para sus lucrativas actividades. Por su parte, la izquierda, mucho m?s recargada de ideolog?a y ret?rica, busca en el poder pol?tico la esencia de su ambici?n, pues encuentra en las instituciones del Estado los ?tiles ideales para desarrollar e imponer su mercanc?a opresora. El problema grave de la izquierda es que su habilidad para manejar la propaganda contrasta con la insolvencia demostrada para gestionar los recursos econ?micos y el bienestar social, salvo para sus cuadros dirigentes.

Como consecuencia de tan desdichado uso del poder, podemos observar que el pulso an?mico de nuestra sociedad est? marcado por el descreimiento y el relativismo. El primer caso es consecuencia directa de la desconfianza ?generada hacia los pol?ticos y las instituciones p?blicas. Se trata de un s?ntoma bastante com?n en las sociedades desarrolladas, especialmente en las m?s meridionales. Es clamorosa la continua decepci?n de la ciudadan?a ante la falta de respuesta y sacrificio de los gobernantes. Resulta f?cil comprobar que el nivel de satisfacci?n ciudadana es muy deficiente: escasa implicaci?n de los individuos en los asuntos p?blicos, desconfianza generalizada hacia sus dirigentes pol?ticos, desapego hacia las instituciones del Estado, elevado porcentaje de insatisfacci?n laboral y acusado estr?s emocional. En cuanto al relativismo, es una derivada del abandono de gran parte de los valores que hasta hace unas cuantas d?cadas serv?an de soporte a la convivencia, toda vez que reforzaban la dignidad del individuo.

La gran diferencia de la tiran?a de nuestro tiempo respecto de las tiran?as cl?sicas, es que el hombre de anta?o era consciente de la represi?n de su libertad. En cambio, hoy, los detentadores del poder exaltan al hombre, lo adulan y jalean; lo manipulan para que sirva a sus intereses, bien como consumidor compulsivo y robotizado, bien como ciudadano subsidiado y dependiente; o ambas cosa a la vez. En definitiva, el ciudadano com?n vive anestesiado, vive un mundo virtual, una especie de espejismo vital (el Estado del Bienestar), en el que todo parece estar al alcance de su mano por derecho propio. El ciudadano com?n es v?ctima de una forma de ingenier?a social, en el que se injertan patrones culturales y de juicio. Todo ello disfrazado de adoraci?n del hombre, que sin embargo es m?s esclavo que nunca. Los ?tiranizadores? no dudan en fomentar falsas creencias como si fueran derechos inalienables de los ciudadanos, por lo que ?stos cifran ?en ?ltimo caso? sus expectativas en el papel reparador y justiciero de los poderes p?blicos ante cualquier carencia o necesidad perentoria. ?

?C?mo hemos llegado a estepunto? Sencillamente porque el hombre ha renunciado a su verdadera naturaleza yha preferido dejarse arrastrar por los vendedores de falacias. Dar por hechoque el Estado de Bienestar dar? cumplida respuesta a todos y cada uno denuestros problemas no deja de ser una ingenua quimera. La formaci?n, eltrabajo, la vivienda, la salud o el ocio, por citar solo algunos casos, sonasuntos que competen de forma prioritaria a cada individuo. La comunidad, atrav?s de los poderes p?blicos, debe tener un papel subsidiario ante lasnecesidades ciudadanas, y exclusivas en las ?reas que afecten al bien com?n(orden p?blico, transportes, administraci?n de justicia o fiscalidad).

Afortunadamente, todav?a sonmuchas las personas que no se han dejado llevar por los cantos de sirena de losredentores del materialismo dial?ctico, ni en su acepci?n egoc?ntrica ni en lade progre nihilista. Vivir hechizados por el consumismo desaforado o por elbuenismo clientelar es un triste destino al que tratan de condenarnos losnuevos tiranos de la postmodernidad o, por qu? no expresarlo as?, de lapseudodemocracia utilitarista, que solo sirve para elegir a los ?tiranizadores? cada cuatro a?os.


Publicado por torresgalera @ 19:11  | Pol?tica
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Mi?rcoles, 05 de enero de 2011

Sagrada FamiliaResulta lamentable comprobar, una vez m?s, la carencia absoluta de talla intelectual que contienen los argumentos esgrimidos por los partidarios del laicismo radical cuando se trata de arremeter y denostar a la Iglesia cat?lica. En esta ocasi?n me voy a referir al caso concreto protagonizado por la Secretariade Pol?tica Internacional y Cooperaci?n del PSOE, Elena Valenciano, que ha calificado a la jerarqu?a eclesi?stica de ?mis?gina? y de no comprender ?la evoluci?n del papel de las mujeres en la sociedad?. Es m?s, la se?ora Valenciano se ha permitido la desfachatez de afirmar que esa misoginia ?es la clave de la incomprensi?n absoluta que manifiesta [la Iglesia] por las familias, por la sociedad actual?.

Esta portavoz oficial del socialismo espa?ol (portavoz del Comit? Electoral del PSOE), en un ejercicio de hipocres?a moral, se atrevi? incluso a lamentar que nuestros obispos no vayan al mismo ritmo que la mayor?a de la ciudadan?a y se nieguen a tolerar ?nuevos modelos de familia?, como el de parejas homosexuales. La ?nclita do?a Elena Valenciano fue m?s lejos a?n cuando subray? que esta misoginia de la Iglesia da pie a declaraciones como la que hizo hace unos d?as el obispo de Alcal? de Henares y presidente de la Subcomisi?n Episcopal de Familia de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Reig Pl?, en las que vincul? la violencia de g?nero a la p?rdida de la familia tradicional.

Lo peor de tan injusta y hostil cr?tica es que se produjo en una rueda de prensa del PSOE pocas horas despu?s de que tuviera lugar en Madrid, un a?o m?s, la celebraci?n de la Misa de la Sagrada Familia. La presencia en la plaza de Col?n de en torno a un mill?n de fieles prueba la vigencia y arraigo de la Iglesia cat?lica en Espa?a. Se trata de una realidad hist?rica y sociol?gica que no admite discusi?n, de ah? que el laicismo rampante y montaraz ?que representa y abandera Jos? Luis Rodr?guez Zapatero? no desaproveche la ocasi?n para enarbolar una ret?rica zafia y mentirosa con tal de desprestigiar y socavar el cristianismo. No digamos ya si, adem?s, el propio Benedicto XVI, mediante una conexi?n en directo desde Roma, env?a un mensaje invitando a todos a vivir con gozo el valor del matrimonio y la familia.

Claro, con un bagaje escueto de odio y desprecio los ?nicos que quedan en evidencia son ellos. Elena Valenciano tiene todo el derecho a opinar lo que le d? la gana, pero si quiere hacer honor a la alta responsabilidad pol?tica que tiene (tambi?s es diputada nacional), no s?lo con la militancia socialista sino con toda la ciudadan?a, deber?a avituallarse de argumentos intelectuales m?s s?lidos y enjundiosos con los criticar a una instituci?n que ?con todos sus errores y equivocaciones hist?ricas? lleva dos milenios dando testimonio ante la humanidad de un mensaje redentor y divino, y, por tanto, transcendente. Y ello a costa de pagar un precio muy elevado en sangre y vidas humanas.

No es muy dif?cil comprender para cualquier mente limpia y exenta de prejuicios que si, durante dos mil a?os, la Iglesia cat?lica no ha renunciado a ninguno de sus dogmas, no lo va a hacer ahora por raz?n de las modas sociales o por imposici?n de nuevas ideolog?as. Los dogmas son verdades de fe, y, por tanto, la verdad es eterna e inmutable: el mensaje de Jesucristo era tan v?lido para los hombres y mujeres de su tiempo como lo es para los hombres y mujeres de nuestros d?as, le guste o no le guste a Rodr?guez Zapatero. Hasta ah? pod?amos llegar. Y en el caso concreto de la familia los testimonios evang?licos son terminantes, por no decir que se trata de una realidad muy anterior que hunde sus ra?ces en los tiempos del G?nesis. Por tanto, m?s le valiera a do?a Elena Valenciano y a ese laicismo obsesionado con la Iglesia cat?lica atar corto al fundamentalismo musulm?n arraigado en nuestro suelo patrio, en vez de perseguir y denigrar a una instituci?n que representa los valores espirituales y morales m?s sublimes de nuestra civilizaci?n y nuestra cultura. Espa?a y Europa sin el cristianismo ser?an en la actualidad un cruce entre imperio otomano, el califato omeya y una rep?blica talib?n. Ya estuvieron a punto de serlo en el siglo XVI.


Publicado por torresgalera @ 23:30  | Pol?tica
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