Martes, 22 de febrero de 2011

Unas semanas atr?s, un peque?o grupo de amigos debat?amos sobre la naturaleza de la crisis econ?mica que llevamos padeciendo desde hace algo m?s de tres a?os. Como quiera que ninguno de los presentes fuera docto en ciencia econ?mica, ni siquiera empresario de m?rito, m?s bien al contrario, todos los presentes coincid?amos el nuestra calidad de simples empleados, se me ocurri? echar mano de un cuento que hab?a le?do no hac?a mucho para iluminar el entendimiento de mis contertulios. Se trata de una historia que me conmovi? cuando la le?, pues de una forma sencilla y directa describ?a un avatar cotidiano que se corresponde, con toda precisi?n, con la esencia intr?nseca de la crisis econ?mica que nos embarga (a unos m?s que a otros).

El cuento dice as?. Erase una muchacha alemana de veintis?is a?os llamada Helga. Viv?a en Colonia, su ciudad natal, y aunque hab?a estudiado Historia del Arte, desde que se licenci? se hab?a dedicado a viajar por Europa manteni?ndose de trabajos ocasionales. Un buen d?a, tras recibir una peque?a cantidad de dinero como herencia de una abuela, Helga decidi? comprar un bar e iniciar una aventura empresarial. Como aquel capital resultara insuficiente para su proyecto, la joven decidi? pedir un pr?stamo bancario. Despu?s de las reformas oportunas, la empresaria ne?fita ide? una estrategia para aumentar las ventas y a su vez realizar una labor solidaria: su ocurrencia no fue otra que permitir que sus clientes ?la mayor?a gente menesterosa y borrachines en paro? bebieran hoy y pagasen otro d?a que las cosas les fueran mejor. De esta forma, Helga inici? su aventura empresarial ayud?ndose de un cuaderno donde anotaba las consumiciones que le adeudaban.

(Nota: En realidad Helga se hab?a convertido en una entidad de cr?dito y apenas le entraba en caja alg?n dinero f?sico.)

En poco tiempo la largueza del bar de Helga se propal? por todo el barrio, con lo que la clientela se fue haciendo m?s numerosa cada d?a. Como eran pocos los clientes que pagaban al contado, la emprendedora tabernera decidi? aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y el vino, que eran las bebidas de mayor consumo. Es indudable que el margen de beneficios aument? vertiginosamente.

(Nota: Se trataba de un margen de beneficios virtual, y, por tanto, ficticio. La caja apenas recib?a ingresos en met?lico.)

En medio de este edulcorado sofisma, un ambicioso ejecutivo del banco con el que trabajaba Helga, en vez de asesorar correctamente a la desnortada tabernera, percibi? las deudas de los clientes del bar como activos de alto valor, por lo que decidi? aumentar la cantidad del pr?stamo a Helga. El temerario empleado bancario no ve?a ninguna raz?n para preocuparse, ya que el pr?stamo ten?a como base para su devoluci?n las deudas de los clientes del bar.

(Nota: ?Vais pillando la dimensi?n del castillo de naipes?)

En las oficinas del banco otros sagaces ejecutivos decidieron convertir estos activos bancarios en ?bebida-bonos?, ?alco-bonos? y ?vomita-bonos? bancarios. Dichos bonos ?consecuencia de una insensata codicia? fueron comercializados, pasando de unas manos a otras, en el mercado financiero internacional. Nadie sab?a qu? significaban aquellos nombres tan raros de esos bonos; tampoco entend?an qu? garant?a ten?an los bonos, ni siquiera si ten?an alguna garant?a. Pero como los precios segu?an subiendo constantemente, el valor de los bonos sub?a tambi?n constantemente.

(Nota: El castillo de naipes crec?a y crec?a y no paraba de crecer. Todo era un gran camelo; detr?s no hab?a ninguna solidez monetaria que lo sustentara. S?lo eran ?bonos?, es decir, papelitos que ?representan? tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostuviera.)

Sin embargo, aunque los precios segu?an subiendo, un d?a un asesor de riesgos financieros del mismo banco (asesor al que, por cierto, despidieron pronto a causa de su pesimismo) decidi? que hab?a llegado la hora de exigir a Helga el pago de su pr?stamo bancario, ante lo cual, la sagaz emprendedora tuvo que exigir, a su vez, a sus clientes el pago de las deudas contra?das con el bar. Pero, claro est?, los clientes no pudieron pagar las deudas.

(Nota: ?Segu?an sin tener un c?ntimo! Pudieron beber cada d?a en el bar porque ?se compromet?an? a pagar sus deudas, en la confianza de que encontrar?an trabajo en cualquier momento. Se relajaron todos y el exceso de confianza provoc? el desastre.)

Helga no pudo devolver sus pr?stamos bancarios y entr? en bancarrota.

(Nota: Y la so?adora y altruista Helga perdi? el bar.)

Los ?bebida-bonos? y los ?alco-bonos? perdieron un 95% de su valor. A los ?vomito-bonos?les fue algo mejor, ya que s?lo se depreciaron un 80%. Los proveedores del bar de Helga, que le concedieron largos plazos para los pagos y tambi?n adquirieron bonos cuando su precio empez? a subir, se encontraron de repente en una situaci?n in?dita: el proveedor de vinos quebr? y el proveedor de cerveza tuvo que vender el negocio a otra compa??a de la competencia.

(Nota: Porque los proveedores de vinos y cervezas tambi?n le fiaban a Helga, creyendo que estaban seguros de que cobrar?an con creces al cabo del tiempo. Y como no pudieron cobrar, dado que el dinero no exist?a, la deuda de Helga se los comi? tambi?n a ellos.)

Finalmente, el gobierno intervino para salvar al banco. Se celebraron numerosas conversaciones entre el primer ministro y los l?deres de los otros partidos pol?ticos. Para financiar el rescate del banco, el gobierno aprob? un nuevo impuesto muy elevado que pagaron los abstemios y resto de ciudadan?a.

(Nota: Como suele ocurrir casi siempre, al final pagan justos por pecadores. Una mayor?a de humildes y honrados ciudadanos se ve obligada a cargar sobre sus espaldas con el peso del desafuero econ?mico creado por la codicia insaciable de los tiburones financieros. Y en esas estamos. Color?n colorado.)


Publicado por torresgalera @ 19:04  | Pol?tica
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios