S?bado, 28 de mayo de 2011

Democracia directa - Puerta del Sol?Qu? clase de democracia hay en Espa?a? Esta es una buena pregunta que convendr?a que nos hici?ramos m?s a menudo, pues nos permitir?a actualizar nuestros conocimientos toda vez que limpiar?amos de nuestras mentes muchos prejuicios, mentiras interesadas, falsos t?picos y toda esa parafernalia que la correcci?n pol?tica al uso nos lleva imponiendo desde el comienzo de la Transici?n democr?tica. Por tanto, a este ejercicio de an?lisis pol?tico voy a dedicar las siguientes l?neas ?y los pr?ximos art?culos en ?gora Digital?, con el ?nimo de identificar los problemas cong?nitos de nuestro sistema pol?tico, de los cuales se deriva la mayor?a de los defectos y vicios en la manera de c?mo se hace la pol?tica, as? como de las consecuencias perniciosas que tiene que padecer la ciudadan?a desde hace m?s de treinta a?os.

En primer lugar, conviene recordar que el primer y principal requisito de la democracia es la libertad. Sin libertad no hay democracia; una libertad restringida solo puede producir una democracia parcial, incompleta?tarada (v?anse los ejemplos de las llamadas ?democracias populares? en los reg?menes totalitarios comunistas o, en el polo opuesto, la denominada ?democracia org?nica? de la dictadura franquista). De la certeza de este principio, se deriva el hecho irrefutable de la libertad como premisa imprescindible para la realizaci?n del ser humano, tanto desde un punto de vista individual como social.

La etimolog?a de la palabra ?democracia? proviene del griego ?demos? (pueblo) y ?kr?tos? (poder o gobierno) = ?gobierno del pueblo?. El t?rmino acu?ado por Herodoto en el siglo V a.C. defini? la forma de gobierno que se dieron los atenienses despu?s de un agitado periodo de convulsiones sociales y pol?ticas. La instauraci?n de la democracia casi siempre ha sido la respuesta a un largo y sufrido periodo de tiran?a (absolutismo mon?rquico, monarqu?a constitucional o r?gimen totalitario), bien mediante un proceso? revolucionario o bien a trav?s de un pacto pol?tico. Este ?ltimo es el caso de la democracia espa?ola, propiciada e instaurada por el jefe del estado y algunos otros jerarcas del r?gimen dictatorial, despu?s de desmontar con argucia el anacr?nico r?gimen y pactar el nuevo con la oposici?n.

Ahora bien, para saber cu?l es la verdadera naturaleza de nuestra democracia, es necesario conocer el esp?ritu que alienta las formas jur?dicas de las instituciones que nos gobiernan y la jerarqu?a de valores en la sociedad. En nuestro caso, despu?s de m?s de treinta a?os de rodaje pol?tico democr?tico contamos con elementos sobrados para hacer un diagn?stico riguroso. Antes que nada hay que referirse a los or?genes mismos de nuestra democracia constitucional. Destaco la necesidad imperiosa que sintieron los protagonistas de aquel proceso de cambio por superar los rencores y antagonismos sangrientos del pasado, lo que les llev? a sacrificar gran parte de las libertades colectivas al hecho mismo de la reconciliaci?n. La gran paradoja de nuestro sistema pol?tico actual tiene su ra?z en aquel denominado ?esp?ritu de la Transici?n?, el cual termin? sustituyendo un r?gimen de partido ?nico por otro de varios partidos, pero en ambos casos las instituciones pol?ticas son igualmente poderosas y omn?modas.

Cuando digo que durante la Transici?n se sacrific? ?en parte? la libertades c?vicas (p?blicas) en aras de la reconciliaci?n, lo hago sustentando esta afirmaci?n en el hecho de que se renunci? a consagrar el respeto a las ideas y a las creencias de las minor?as y, en cambio, se sacraliz? un sentido fatuo de la tolerancia; se neg? la potestad de la sociedad, pero se sublim? la autoridad del Estado; se ningune? la imaginaci?n de los individuos a cambio de santificarse el consenso; se constri?? la distribuci?n de poder a favor de la libertad pero se auspici? el reparto secreto entre poderosos; se pusieron l?mites a la libertad de expresi?n pero se bendijo el pacto de silencio; se desalent? la confianza en el porvenir toda vez que se jale? el miedo al pasado; se desincentiv? la producci?n econ?mica a favor de la especulaci?n; se despreci? la distribuci?n de la riqueza por trabajo e inversi?n y a cambio se favoreci? la prevaricaci?n de funcionarios; se favoreci? la descentralizaci?n y desconcentraci?n del poder estatal para potenciar la centralizaci?n y concentraci?n de poderes auton?micos; se desconfi? de la cultura sin adjetivos y, en cambio, se enalteci? la posmodernidad.

En definitiva, desde el inicio de la Transici?n la clase dirigente ha ahogado cualquier atisbo de conciencia pol?tica colectiva, ha impedido que floreciera un esp?ritu civil en nuestra sociedad. Son los partidos pol?ticos los que se han abrogado el derecho exclusivo para decidir qu? es y c?mo lo que le conviene a la sociedad. A los individuos nos han reducido al papel de electores y contribuyentes: estas son las dos ?nicas maneras efectivas que tenemos los espa?oles de incidir y contribuir a la cosa p?blica. No hay que confundir ?derechos fundamentales? (que son derechos individuales) con derechos pol?ticos colectivos. De los primeros s? tenemos, de los segundos no. Por eso la mentira y el enga?o son tan graves, porque nos quieren hacer creer ?incluidos los medios de comunicaci?n y las universidades? que vivimos en una democracia plena. Cuando la primera condici?n que se debe dar en una democracia es que los ciudadanos ?titulares todos y cada uno de la soberan?a nacional, con derechos p?blicos e individuales? tengan capacidad de elegir y cesar a sus gobernantes. Todo lo contrario de lo que ocurre en la democracia espa?ola, donde el sistema est? viciado desde el origen, ya que aqu? no existe ni divisi?n de poderes ni ciudadanos.

Contra lo que la mayor?a de la opini?n p?blica cree (otra evidencia de la inopia en la que vive instalada gran parte del personal), la ausencia de divisi?n de poderes no proviene de la politizaci?n del poder judicial y sus ?rganos jurisdiccionales superiores, que al fin y al cabo son cuatro mandados que tan solo responden a los requerimientos de los que les nombran. No; la gravedad de la inexistencia de separaci?n de poderes estriba en la supeditaci?n del poder legislativo al poder ejecutivo. He aqu? la clave de la tragedia de nuestro r?gimen pol?tico, empe?ado en mantener una legislaci?n electoral y de financiaci?n de partidos verdaderamente monstruosa. Los dem?s excesos no son m?s que derivadas de esta primera ignominia pol?tica, incluida la Constituci?n y la forma mon?rquica de definir el Estado.

Resumiendo, la democracia es una forma de gobierno, de organizaci?n del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participaci?n directa o indirecta que les confieren legitimidad a los representantes. Este no es el caso de la democracia espa?ola, en la cual los individuos hemos quedado reducidos a un papel de mera comparsa (electores y contribuyentes); no somos aut?nticos ciudadanos sino s?bditos. Por esto mismo considero que ya va siendo hora de comenzar un proceso de rebeli?n c?vica, de poner coto a tanto abuso y a tanto fraude. Es preciso darle la vuelta a la situaci?n y sustituir esta seudo-democracia por una verdadera. Animo al ?Movimiento 15-M? de ciudadanos indignados ?que tambi?n se denomina ?Democracia real?? a tomar nota y extraer conclusiones. Pienso que si los indignados corrigen algunos errores de bulto (ausencia de liderazgo, excesiva heterogeneidad en sus iniciativas y cierta incoherencia formal), aumentar?an con facilidad las simpat?as y adhesiones del resto de la sociedad. Sobran las razones para la protesta, por lo que participo con j?venes, maduros y viejos en el deseo de mantener viva la ilusi?n en un proyecto de sociedad m?s justa y equitativa. Eso s?, la lucha deber? librarse dentro del sistema, donde el esfuerzo multiplica la eficacia.

Como en la novela de P?o Baroja Camino de perfecci?n, un mero viaje de Madrid a Levante termina por convertirse para el protagonista en un viaje inici?tico en el que se manifiestan mil y un detalles de la sociedad de aquel tiempo, del alma humana y hasta de la naturaleza misma. Por eso ?sta es tan buena ocasi?n (como tantas otras, supongo) para emprender nuestro camino colectivo de perfecci?n.


Publicado por torresgalera @ 20:35  | Pol?tica
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