Martes, 09 de agosto de 2011

El ciudadano, en su mayor?a bienintencionado e ingenuo, no percibe que buena parte de la argumentaci?n que se emplea en la confrontaci?n pol?tica cotidiana est? construida sobre sofismas, es decir, sobre principios falsos. De la observaci?n de este hecho, del que se abusa hasta la extenuaci?n, se infieren dos conclusiones muy desalentadoras: primera, que la mediocridad intelectual de gran parte de nuestros dirigentes es s?lo comparable a su depauperada moralidad; y, segundo, que el nivel de exigencia de nuestros conciudadanos es, en general, tan exiguo que en buena medida su desidia se hace acreedora de tan paup?rrimo capital.

El tan cacareado ?Estado de bienestar?, tan impreciso y ambiguo como sugiera la conveniencia de cada cual, ha sido instalado en el imaginario colectivo como el paradigma de la sociedad ideal. Se trata de la gran quimera ideol?gica que el capitalismo occidental patent? en el ?ltimo tercio del siglo XX para combatir al marxismo. Quimera configurada con la misma estructura org?nica con la que se han erigido los reg?menes socialistas: identificando y fusionando la pol?tica con el Estado. De esta forma, el Estado fue configurado como una superestructura jur?dico-administrativa, insaciable de poder, del que emanaba la concesi?n y distribuci?n a los s?bditos-ciudadanos de abundantes y gratuitas prestaciones econ?mico-sociales. Pero en realidad, el ?Estado de bienestar? no es m?s que una soflama ret?rica perge?ada para enardecer la conciencia de las masas asalariadas, ?vidas de sue?os imposibles. Es una mentira disfrazada de solidaridad, justicia y equidad. Pura farfolla pol?tica, que los vendedores de votos llevan divulgando sin rubor desde hace m?s de cuarenta a?os, con la ?nica finalidad de anestesiar la conciencia cr?tica y la voluntad del pueblo soberano.

La prueba de la gran mentira inoculada en la conciencia colectiva acerca del mal llamado ?Estado de bienestar?, es que cuando vienen mal dadas ?como lo evidencia la actual crisis econ?mica mundial? la resistencia ciudadana y sindical a revisar, reestructurar o contingentar algunas de las prestaciones sociales recibidas del Estado, es radical. Nos lamentamos de los efectos perniciosos de la crisis, pero no estamos dispuestos a sacrificarnos para salir de ella. Con imputar la culpa de nuestro infortunio a otros creemos que estamos exentos de responsabilidad en reparar el desafuero. Pero nada deber?a obligarnos m?s que nuestro compromiso con la libertad, la democracia y la justicia. Los males de nuestro tiempo son muchos y complejos, entre otras cosas porque nuestra sociedad es cada vez m?s compleja. Que hayan sido las grandes corporaciones financieras, con sus malas pr?cticas, las principales responsables del desaguisado econ?mico mundial no deber?a desvincularnos del problema. Tambi?n han sido c?mplices las autoridades estatales (los llamados reguladores) de los excesos de los depredadores financieros. Por eso ahora, m?s que nunca, deber?amos los ciudadanos implicarnos en el saneamiento de nuestros males pol?ticos, econ?micos y sociales; incluso renunciando si es preciso a algunas de nuestras ventajosas conquistas sociales. Reconocer que hoy somos un poco m?s pobres de lo que ?ramos ayer es menos grave que ahogar nuestro futuro, y, lo que es peor, del futuro de nuestros hijos.


Publicado por torresgalera @ 21:31  | Pol?tica
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