Viernes, 25 de noviembre de 2011

José Blanco López, Pepiño para los amigos, además de gallego es un maestro consagrado del despiste y el disimulo. Ahora se descuelga con que ya acordó con Rodríguez Zapatero, cuando el presidente del Gobierno decidió no presentarse a la reelección, que él también abandonaría la primera línea de la política. Recordemos que los españoles supimos lo de ZP la pasada primavera. He aquí un ejercicio descarado de cinismo. Esta declaración —realizada en TVE hace unas horas— no casa muy bien con ser cabeza de lista del PSOE en Lugo. El “caso Campeón” no ha tenido, desde luego, nada que ver.

¿Qué se puede esperar de un político, que ocupa nada menos que el número dos del partido que gobierna una nación, y que desde el pasado octubre está metido de hoz y coz en una investigación judicial en la que se le imputan delitos tipificados en el Código Penal? José Blanco, azote de la derecha durante los once años que lleva ejerciendo de vicesecretario general del PSOE, que ha ejercido de moralista político y defensor a ultranza de la pureza democrática, ahora resulta que un oscuro asunto de tráfico de influencias, de trinque de comisiones y de venta de favores le obliga a abandonar la escena política nacional, no ya como protagonista, sino como actor de reparto; de momento su papel quedará reducido a mero figurante. No olvidemos que escudado en su renovada acta de diputado, Blanco se protege al mantener la condición de aforado. Por eso el caso está en el Tribunal Supremo. Más tarde a más temprano, Pepiño terminará sentándose ante un juez.

Una vieja teoría anarquista sostiene que “todo político de izquierda, desde el momento que ocupa un cargo de cierta relevancia, experimenta un desplazamiento hacia la derecha en cuanto a costumbres, gustos, diversiones, preferencias, amistades, vestimenta, formas de lucirse, etc. Este cambio de actitud suele incrementarse de forma directamente proporcional a la importancia y categoría del puesto al que ha sido promocionado”.  Este es, sin duda, el caso del actual ministro de Fomento. Nacido en Palas de Rei (Lugo) y de familia humilde, Pepiño estudió el bachillerato en un instituto de la capital lucense. Posteriormente se matricularía en Derecho en la Universidad de Santiago, estudios que abandonó en primer curso con algunas materias pendientes. Desde muy joven el ínclito José Blanco se sintió atraído por la política, a la que se vinculó a través del PSP de Enrique Tierno Galván. En 1978 ingresó en el PSOE.

Pues bien, el espíritu burgués de este prohombre de la izquierda progresista queda de manifiesto a la vista de su patrimonio: posee un magnífico chalé —por cierto, de dudosa legalidad— a orillas del mar, otro no más humilde en Majadahonda, además de dos coches de alta gama y un utilitario, tres personas de servicio, una cuenta corriente bien saneada (según hemos sabido recientemente) y una opción de lujo para la escolarización de los hijos.

En efecto, el matrimonio José Blanco-Ana Mourenza, optaron por el elitista “British Council” de Somosaguas para matricular a sus dos hijos. En dicho colegio, al que acude lo más granado de alta sociedad, la educación de un alumno de once años cuesta cada trimestre 3.873 euros, y 6.545 la pareja. Lógicamente, la educación es bilingüe español-inglés (nada de gallego) y la asignatura de Educación para la Ciudadanía no se imparte; pero, eso sí, los hijos del ministro comparten aulas, recreos, excursiones mesa y mantel con los niños de Eugenia Martínez de Irujo, Mariano Rajoy, Genoveva Casanova, Eduardo Zaplana, Michel Salgado, Álvarez Cascos y un largo etc. de la derecha nacional.

Como queda en evidencia, las contradicciones en el seno del pueblo —que diría Mao Zedong— adquieren en el caso del ministro Blanco unas dimensiones portentosas. Para que luego presuman estos socialistas de salón de conciencia social. Que se lo digan a los millones de parados que malviven, cuando lo tienen, con las prestaciones del desempleo. ¿Qué ha sido de aquel Código de Buenas Costumbres del primer gobierno Zapatero, que tenía vetada cualquier señal de ostentación? ¿Qué significan en nuestros días la “O” de obrero y la “S” de socialista en las siglas del PSOE?

Tan rutilante carrera la ha hecho posible José Blanco sin haber llegado a terminar el primer curso de Derecho. ¿Qué hubiera sido de este habilidoso y ventajista profesional de la política si hubiera terminado la carrera…? Probablemente —es sólo un suponer— el inefable Pepiño sería hoy un funcionario ejemplar. Nos gustaría pensar eso.


Publicado por torresgalera @ 17:23  | Pol?tica
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