Domingo, 18 de diciembre de 2011

Todas las circunstancias políticas que concurren en este inicio de legislatura, a nada que apliquemos las enseñanzas de la historia de España y el sentido común, nos conducen de manera inexorable a una rotunda conclusión: que los próximos cuatro años van a ser de grandes tensiones y enfrentamientos políticos y sociales. La mayoría absoluta, obtenida en las urnas por el PP, va a ser el gran argumento que retorcerá la oposición (integrada exclusivamente por partidos de izquierda y nacionalistas) para estigmatizar la gestión política de los populares, tildando a éstos de intransigentes, autoritarios y antidemócratas.

Por el momento, los voceros del PSOE ya venden sus virtudes sin haberlas puesto en práctica. En un alarde de banalidad retórica, en la que son consagrados maestros, ya se abrogan el mérito de ejercer una oposición responsable, leal y constructiva, cuando todavía Zapatero no ha abandonado La Moncloa ni Rajoy ha sido investido primer ministro. El asunto es alardear de lo que no se es y, de paso, soltar una colleja dialéctica al adversario. Está claro que llevan en los genes lo de manipular, retorcer y mentir. Eso sí, siempre en nombre de la democracia, la justicia social y la solidaridad con los más desfavorecidos.

A ver qué se encuentra Mariano Rajoy escondido en los cajones y anaqueles de la Administración del Estado en las próximas semanas y en los próximos meses. Por lo que sabemos a través de la prensa, el gobierno en funciones está dejando las arcas públicas más vacías que un colegio en verano. Las ministras de cupo están repartiendo los últimos millones entre sus parroquianos con toda diligencia, así como el BOE registra los penúltimos nombramientos entre sus afectos. Todo un alarde de eficiencia para dejar colocado el mayor número de leales servidores. La desvergüenza no les remueve ni un solo músculo de la cara.

La hora de la verdad ya es irremediable para Rajoy. Ahora ya no valen subterfugios. Para él y los suyos esta Navidad no ha de ser tiempo para el relajo y el compadreo, sino más bien lo contrario. Jornadas de servicio de guardia ininterrumpidas durante muchas semanas hasta que se pongan en pie las líneas maestras de la política de recuperación nacional. El turrón bien puede esperar otros doce meses más a los flamantes cargos electos que ahora tienen la responsabilidad de poner en marcha España: 47 millones de ciudadanos así lo demandan.


Publicado por torresgalera @ 20:20  | Pol?tica
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