Viernes, 02 de marzo de 2012

Todo apunta a que las llamadas fuerzas políticas de izquierda están decididas a someter a la ciudadanía española a una nueva tribulación. Por si éramos pocos, parió la abuela. A la insufrible cifra de paro, consecuencia de una dramática crisis económica, y a la desoladora precariedad de las arcas del Estado, consecuencia de la insensata y despilfarradora política llevada a cabo por los anteriores gobiernos zapateristas, hay que sumar ahora el inicio de un proceso de subversión callejera con la finalidad de hostigar a los distintos gobiernos del Partido Popular, tanto al frente de la nación como en la mayoría de las comunidades autónomas.

Desde hace muchos meses todos los españoles éramos conscientes de que cualquier gobierno que saliera de las urnas tendría que aplicar medidas de ajuste muy duras, diríamos que extremas, como única fórmula para atajar y cortar el proceso de deterioro de nuestro sistema productivo y de nuestro estado del bienestar. También sabíamos que estas medidas son imprescindibles pero no suficientes para crear riqueza y puestos de trabajo. Reducir el déficit de las administraciones públicas es condición sine qua non para que fluyan de nuevo recursos para inversiones públicas; de momento, una buena parte de nuestros impuestos se tienen que destinar a pagar intereses y amortizaciones de la inmensa deuda acumulada en pocos años. Pues bien, todo eso lo sabíamos y a pesar de tan malos augurios la mayoría de los ciudadanos decidieron depositar su confianza en los candidatos del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, en detrimento de las siglas de los socialistas. Y todo eso hace apenas cuatro meses.

No me cansaré de repetir cuantas veces sean necesarias que el PSOE no es de fiar. Así lo está demostrando una vez más. Cuando los socialistas no están sentados en las poltronas del poder o en los coches oficiales no dudan en aprovechar o crear cuantas ocasiones se presenten para convertir la calle en campo de batalla político. Por eso, ahora, los dirigentes del PSOE están empeñados en inflamar los ánimos del descontento popular y “helenizar” las calles españolas. Cualquier camino es bueno con tal de recuperar prestigio e imagen, haciendo gala de un cinismo y una desvergüenza obscena. He aquí la leal y responsable oposición de la que hacía gala Alfredo Pérez Rubalcaba en el pasado congreso del PSOE.

Al flamante secretario general del PSOE no le duelen prendas jugar con el lenguaje, retorcer las ideas y adulterar la verdad con mentiras insidiosas. Forma parte intrínseca de su identidad. Por eso afirma que el PSOE secunda a los sindicatos al igual que el PP lo hace con los obispos. No es fácil superar tanta ruindad y miseria humana. El gran valedor del pernicioso Rodríguez Zapatero se erige ahora, tras ser descartado por la sociedad española y discutido en su propio partido, en paladín de las reivindicaciones sociales. No duda en ponerse al frente de la pancarta y de la manifestación que promueven UGT y CCOO. Así son las cosas, para nuestra desgracia: hasta hace cuatro mese apoyaba y promovía políticas de tierra quemada bajo el velo de políticas sociales, lo que ha llevado a la hacienda pública a la ruina más absoluta, y ahora se postula como el gran redentor del pueblo.

En fin, hay que ser muy obtuso o muy fanático para conceder la más mínima credibilidad a este político deshonroso y funesto. Si no, ya me dirán ustedes qué se puede decir de un dirigente —del principal partido de la oposición, nada menos— que apoya una jornada de movilizaciones el próximo 11-M, octavo aniversario del mayor atentado terrorista ocurrido en España y en Europa en toda su historia. ¿Se puede uno imaginar que a alguien en Nueva York se le ocurra solicitar manifestarse por la causa que sea el 11-S? Verdad que no, pues aun suponiendo que alguien tuviera tal ocurrencia, ninguna autoridad municipal ni estatal consentiría que en la ciudad de Nueva York ese día se celebrara ninguna manifestación pública que no fuera conmemorativa por las víctimas de aquel horrendo 11 de septiembre de 2001.

¿Cómo es posible que la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid haya autorizado manifestaciones sindicales el 11 de marzo? Esto es un insulto y un agravio de proporciones inusitadas, que desdicen la confianza depositada por muchos, por mí el primero, en Cristina Cifuentes cuando accedió al cargo de delegada gubernamental. Ni que sea domingo ni que sea jueves, a efecto de memoria histórica el calendario oficial de la Comunidad de Madrid y la ciudad de Madrid, el 11 de marzo debería quedar reservado única y exclusivamente a la conmemoración de las víctimas que aquel aciago día de hace ocho años perdieron la vida, resultaron heridas o sufrieron la pérdida de algún familiar en los terroríficos atentados a los trenes de cercanías. Es más, teniendo en cuenta que el propio pueblo español se reconoció víctima al día siguiente saliendo a las calles a pregonarlo, ¿cómo es posible un acto de tanta indignidad por parte de la presidenta de la Comunidad de Madrid y de la alcaldesa de la Villa y Corte, que se han atrevido a programar para el lunes 12 los actos oficiales de conmemoración a las víctimas del 11-M? Está claro que los complejos de la derecha son enfermizos. En vez de denegar la autorización de las manifestaciones sindicales, no se les ocurre nada mejor que hacer dejación de sus prerrogativas y trasladar los actos conmemorativos del 11-M al día siguiente. ¿Es que no hay otros días, otros domingos, para ejercer el derecho de manifestación? Sin embargo, 11-M solo hay uno al año, caiga en domingo, en martes o en viernes. Si estas cosas de orden ético y moral no se tienen claras y no se defienden, qué difícil va a ser que se produzca una verdadera regeneración de la vida pública.


Publicado por torresgalera @ 16:08  | Pol?tica
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