Viernes, 09 de marzo de 2012

Ya tenemos aquí la primera huelga general; no se ha hecho esperar. Apenas tres meses después de que el Partido Popular comenzara a ejercer las tareas de gobierno, partidos y sindicatos de izquierdas han concitado sus voluntades y energías para dar la primera gran batalla —a campo abierto— a las políticas de los conservadores. Ya ha habido escaramuzas suficientes, con pretextos varios, en diversas ciudades españolas, en las que manifestaciones aparentemente reivindicativas han terminado en violentos desórdenes públicos. Esto quiere decir, que los partidos de izquierda, descolocados e irritados por el extraordinario poder alcanzado por el PP en las urnas, están dispuestos al precio que sea a movilizar a la opinión pública a su favor y así tratar de recuperar la confianza y el prestigio perdidos.

No cabe la menor duda de que el derecho a la huelga es un derecho colectivo reconocido en nuestra Constitución. Ahora bien, lo mínimo exigible a quien convoca los paros, ya sean parciales o generales, es a hacer gala de un exquisito sentido de la responsabilidad. Yo, sinceramente, por muchas vueltas que le doy no termino de encontrar ni la oportunidad ni los beneficios que esta huelga, convocada para el jueves 29 de marzo, puedan aportar a la depauperada situación económica que padecemos y, mucho menos, a mejorar las condiciones de nuestro deteriorado mercado de trabajo. Todo lo contrario, transformar la relativa calma en la que hasta ahora está transcurriendo la vida ciudadana en una atmósfera de tensiones y enfrentamientos políticos es, cuando menos, un riesgo excesivo y desproporcionado en el que no deberíamos incurrir.

Con esto no estoy apelando al miedo, sino a la responsabilidad de aquellos que quieren impedir a toda costa que quien tiene la legitimidad, además del derecho y la obligación, de gobernar, trate de aplicar cuantas iniciativas legislativas sean necesarias para aplicar su programa. ¿No es acaso el Parlamento el lugar específico donde los representantes de la soberanía nacional deben dirimir sus propuestas y alternativas de gobernación? ¿Y no es acaso el juego de las mayorías el que permite que prosperen las iniciativas parlamentarias? ¿A cuento de qué hay que ningunear a las mayorías conservadoras sus iniciativas, reventándolas en la calle?

No seamos ingenuos. Es de sobra sabido que para remediar los estragos de la crisis económica son necesarias medidas de ajuste duras y radicales. También sabíamos que esas medidas deberían estar dirigidas a reformar el sistema fiscal, el sistema financiero, el mercado laboral, el sector energético, además de otras muchas reformas estructurales que tienen que ver con nuestro sistema de pensiones, el sistema educativo, la administración de justicia, la cuestión territorial o el estado de nuestras instituciones. Y todo esto complementado de una profunda regeneración democrática en lo concerniente a usos y costumbres en las maneras de gobernar y de hacer política en general.

Pues nada, ahí lo tenemos. CCOO y UGT han decidido someter a la sociedad española a una huelga general. La fecha elegida coincide con el paro general convocado por los sindicatos nacionalistas en País Vasco y Navarra y con la víspera de la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para 2012. Así que —como muchos vaticinábamos desde incluso antes de la victoria electoral del PP— se cumple de manera inexorable el guión de enfrentamientos, radicalidad y sublevación que la oposición de izquierdas iba a desarrollar contra las políticas de ajuste que los populares estaban obligados a realizar si ganaban los comicios.

Indudablemente esta estrategia de acoso y derribo sin cuartel va aparejada de una estrategia mediática. Como no podía ser menos, la abigarrada destreza de la izquierda en las técnicas de propaganda tiene como objetivo ganar en primer lugar la batalla de la opinión pública. Por eso nos jugamos tanto en este primer envite. Si la huelga general resultara un fiasco, a la izquierda no le quedará más remedio que echar mano de otros recursos. No digamos si los comicios de Andalucía resultarán fatales para el PSOE e IU. Apaga y vámonos. No les quedará más que recurrir al 15-M o algo por el estilo. Y la izquierda extraparlamentaria lo está esperando como agua de mayo. Si no, al tiempo.


Publicado por torresgalera @ 19:42  | Pol?tica
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