S?bado, 10 de marzo de 2012

La recién anunciada convocatoria de huelga general tiene un doble propósito: por un lado, presionar al gobierno de los populares para que retire su proyecto de ley de reforma laboral y, por otro, lanzar una gran cortina de humo ante la opinión pública para distraerla del nauseabundo torbellino de noticias provenientes de la corrupción en la Junta de Andalucía. El asunto no es baladí. Para el PSOE y demás fuerzas de izquierda Andalucía es el último bastión de poder que les queda, por eso su defensa está siendo encarniza, con uñas y dientes, y todavía pueden surgir otras sorpresas.

No seré yo el que niegue el riesgo que esta reforma laboral pueda representar para algunos aspectos de las condiciones contractuales de los trabajadores. Así lo he expresado con anterioridad en Ágora Digital. La existencia de empleo precario, llámese sumergido o en régimen de explotación, es una realidad incuestionable que hasta hoy ningún gobierno ha sido capaz de erradicar. Pero dicho esto, no es menos cierta la incapacidad demostrada por sindicatos y patronal para llegar a un acuerdo marco de reforma laboral que mejore las condiciones del mercado de trabajo. El diálogo social ha fracasado tanto con José Luis Rodríguez Zapatero como con Mariano Rajoy. Es verdad que con éste último el tiempo de negociación ha estado muy tasado, pero la gravedad de la situación ha hecho inevitable que así fuera. Es urgente acelerar el proceso de las reformas, y para ello nadie más legitimado que la mayoría política que sustenta al gobierno.

Para concluir, conviene resaltar un aspecto de máxima importancia que está en juego con la reforma laboral del gobierno del PP: el recorte de poder de los sindicatos. No hay que ser un observador avezado para comprender que si al recorte del 20 por ciento de las subvenciones a centrales sindicales, unimos los aspectos que merman directamente el poder de maniobra e influencia (flexibilidad en los convenios colectivos y reasignación de los recursos para formación laboral, por sólo citar dos aspectos), es fácil colegir que el cabreo en las cúpulas de las dos grandes centrales sindicales es monumental. Y es que hasta ahora, tanto CCOO como UGT son las dos “niñas bonitas” de nuestro sistema institucional democrático.

Desde los años de la Transición hasta nuestros días, estas centrales sindicales, que juntas apenas representan al 10 por ciento de los asalariados españoles, han acumulado incluso más poder institucional que el llamado “sindicato vertical” del franquismo. Ambos sindicatos han recibido cientos de edificios del Estado; grandes sumas de dinero a cuenta de indemnizaciones históricas (Comisiones Obreras nació en los años sesenta del pasado siglo); reciben cuantiosas subvenciones anuales de todas las administraciones públicas, así como exenciones fiscales en casi todo; cobran un porcentaje por cada trabajador incluido en los “eres” empresariales; a los representantes sindicales se les exime, total o parcialmente, de trabajar en sus empresas; el Pacto de Toledo legitima a CCOO y UGT como únicos interlocutores por parte de los trabajadores en las mesas de diálogo social. Y así un largo etcétera de privilegios y prerrogativas que han llevado a estas dos centrales sindicales a convertirse en dos fuerzas políticas fácticas de primera magnitud.

Ahora comienza a peligrar ese poder excesivo. Me alegro de que así sea. Espero que el chantaje que supone este órdago no quebrante al gobierno. También deseo que en sede parlamentaria se introduzcan cuantas mejoras sean posibles en el anteproyecto de ley, fruto del acuerdo y la negociación. Y también deseo que el próximo 25 de marzo una mayoría de andaluces retiren la confianza al partido que durante treinta años ha gobernado esa hermosa tierra, a la que quiero como mía, pero a la que una clase política zafia, mendaz y fullera ha cubierto de escarnio y descrédito. Esta sería una buena lección para los que cuatro días después pretenden poner al gobierno contra las cuerdas.

Coda: El porvenir de los socialistas que gobiernan en el País Vasco —con el beneplácito del PP— es igual a cero. Su permisibilidad táctica con el radicalismo nacionalista será la bota que los desaloje de un puntapié de la lehendakaritza Ajuria Enea.

En cuanto al futuro gobierno del Principado de Asturias, aun en el supuesto de que el PSOE resultara el partido más votado, las posibilidades de formar gobierno son remotas, ya que las encuestas insisten en un mapa electoral con variantes poco significativas respecto a los resultados del pasado mes de mayo.


Publicado por torresgalera @ 20:28  | Pol?tica
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