Jueves, 28 de febrero de 2013

Menudo papelón el que ha hecho la agencia española Efe al divulgar, el pasado 12 de febrero, que el Papa Benedicto XVI había aprobado «en los hospitales católicos alemanes el uso de la píldora anticonceptiva de urgencia, conocida como “píldora del día siguiente”, en mujeres víctimas de violación, a raíz del escándalo en torno a una joven que no fue atendida en dos clínicas de Colonia tras sufrir abusos sexuales».

Dos días tardó el Vaticano, a través del secretario del Santo Padre, el arzobispo Georg Ganswein, en desmentir tajantemente esta información. Ganswein precisó que ni él ni el Pontífice han dado su venia para el uso de dicho fármaco que es potencialmente abortivo.

La mencionada información distribuida por Efe señalaba que la misma la dio a conocer «el arzobispo de Colonia, el cardenal Joachim Meissner, en declaraciones al rotativo Kölner Stadt Anzeiger, en las que comenta que su reciente decisión de autorizar el uso de ese anticonceptivo fue consensuado con la Congregación para la Defensa de la Fe y la Academia Papal».

Según la agencia española, el diálogo entre Meissner y Gänswein fue éste: «El me dijo: “el Papa lo sabe. Todo está en orden”, afirma Meisner, considerado un religioso conservador, quien el pasado 31 de enero anunció inesperadamente que la Iglesia Católica autorizaba el uso de la “‘píldora del día después”».

Por su parte, el profesor Manfred Spieker, amigo del Papa y del cardenal Meisner y miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz, informó, dos días después de difundida la noticia por Efe, que había recibido un correo electrónico de Ganswein en el que el secretario del pontífice niega tajantemente que hubiera ocurrido tal diálogo divulgado por la agencia española.

Spieker explica que tampoco es cierto que la Pontificia Academia para la Vida (a la que Efe llama Academia Papal) o la Congregación para la Doctrina de la Fe (a la que Efe denomina Congregación para la Defensa de la Fe) hayan aprobado la declaración del cardenal Meisner. Es más, el mismo día que Efe divulgó la noticia referida, la archidiócesis de Colonia emitió un comunicado en el que se señala que el Papa no vio ni aprobó la declaración del cardenal Meisner sobre la píldora del día siguiente.

La píldora sí puede ser abortiva

El 31 de enero el arzobispo de Colonia, cardenal Joachim Meisner, dijo en una declaración que «si una medicina que evita la concepción es usada luego de una violación con el propósito de evitar la fecundación, entonces eso en mi opinión es aceptable». Esta opinión la dio Meisner después de reunirse con un grupo de expertos médicos con los que conversó sobre la píldora del día siguiente. Los doctores le dijeron que el fármaco no posee efectos antiimplantatarios, es decir, abortivos.

Al respecto, el doctor español y presidente de la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC), José María Simón Castellí, dijo a la Agencia Católica Internacional-Prensa que «parece que las palabras del cardenal fueron manipuladas». «En todo caso, la píldora del día siguiente tiene un efecto antiimplantatorio (que impide la implantación del embrión en el útero materno) en el 70 por ciento de los casos en los que la mujer es fértil», explicó el médico que es además miembro del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios.

Desde Alemania, Sophia Kuby, líder pro-vida y directora de la organización European Dignity Watch, comentó a ACI-Prensa que «la discusión sobre la declaración del cardenal Meisner sobre la administración de la píldora del día siguiente en caso de violación ha creado confusión más allá de las fronteras alemanas». «Sin embargo, no es en ningún caso una legitimación de la píldora del día siguiente por parte de la Iglesia Católica como se ha interpretado ampliamente».

Kuby recordó que Meisner «ha dicho que, en caso de violación, una píldora del día siguiente se puede prescribir en hospitales católicos si solo tiene efecto anticonceptivo (prevenir la ovulación) y no un efecto abortivo. Desde la perspectiva teológica moral, la declaración está en línea con la enseñanza católica. Sin embargo la declaración es equivocada en cuanto a los hechos y carece de evidencia científica».

La directora de European Dignity Watch precisó que «no existe píldora que prevenga sólo la ovulación. La píldora del día siguiente de última generación puede tener, como efectos, el anticonceptivo como prevenir la ovulación, la difusión del semen o la fertilización. Sin embargo, nunca se puede excluir el efecto abortivo».

Resumiendo. Primero, subrayar que los más prestigiosos médicos especialistas e institutos científicos internacionales concluyen, al igual que Sophia Kuby, que «todas las píldoras del día siguiente disponibles en el mercado son potencialmente abortivas, es decir, que pueden eliminar el óvulo fecundado, que es el primer estadio del embrión humano». Y segundo, que parece que algunos tienen mucha necesidad y mucha prisa en desacreditar, aun en esta última hora del pontificado de Benedicto XVI, a un papa que ha demostrado gran independencia de criterio, una fe inquebrantable y un espíritu de humildad verdaderamente encomiable (además de una superioridad moral portentosa). Resulta lamentable que en este deplorable ejercicio de iniquidad haya caído una agencia estatal de noticias de la categoría de la española Efe.


Publicado por torresgalera @ 14:38  | Cosas que importan
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Mi?rcoles, 13 de febrero de 2013

Benedicto XVIQue fácil resultar hablar, hablar y hablar, juntar palabras y propalarlas ante cualquier auditorio que esté dispuesto a escucharlas, o leerlas. No importa demasiado que las palabras, en forma de opiniones, tengan algún fundamento sustentado en la verdad; lo único que importa es que asombren, desconcierten, epaten… que llamen la atención sobre quien las difunde. Palabras que construyen argumentos racionales, revestidos de verosimilitud, aunque muchos de estos argumentos sean capciosos, interesados, manipuladores y malévolos. En suma, palabras etiquetadas de opiniones —legítimas en cuanto responden al derecho que toda persona tiene a expresarse libre y públicamente— pero que en demasiadas ocasiones no son más que sofismas, unas veces simplistas e inanes y otras retorcidos y diabólicos.

Hago esta consideración preliminar a cuento de la noticia (hecho notable y de singular relevancia para la opinión pública) conocida este lunes 11 de febrero, del anuncio hecho por el Papa Benedicto XVI de su decisión de dejar la silla pontificia de San Pedro el próximo 28 del mes corriente. No cabe duda que tan extraordinario anuncio representa un hito en la historia contemporánea, tanto de la humanidad en general como de la cristiandad en particular. Como quiera que los precedentes son muy escasos y lejanos en el tiempo, resulta lógico que la opinión pública mundial se sobresalte ante tan excepcional suceso. No olvidemos que el Papa es la cabeza visible de la Iglesia católica, una comunidad de creyentes de más de mil millones de personas (una de cada siete habitantes de la Tierra).

Es importantísimo que antes de aventurarnos en opiniones y debates, tengamos presente varios puntos: Primero, que toda la obra de la creación está en pleno proceso de evolución, incluida la especie humana. Por tanto, lo que hasta ayer era de una manera hoy puede ser de otra. Segundo, que los cambios presentes en nuestra sociedad se suceden a tal velocidad que se hacen necesarias respuestas rápidas y adecuadas para impedir los desajustes sociales. Y tercero, que el respeto que debemos a la dignidad humana y a su libertad deberían aconsejarnos máxima prudencia a la hora de valorar las decisiones ajenas, máxime cuando éstas son adoptadas por personas de la talla ética y moral del Papa Benedicto.

Cualquiera que tenga un corazón noble, un espíritu humilde y una mente generosa debería estar en condiciones de mirar con simpatía e, incluso, afecto la figura y personalidad de Benedicto XVI. No digamos si además participa de sus creencias religiosas y de su pertenencia a la Iglesia. Bien, pues dicho esto, creo que aun sin conocer en sus detalles más íntimos las razones que han llevado al Santo Padre a adoptar tan grave decisión, sí creo en la bondad de su decisión. Estoy firmemente convencido, a la luz del conocimiento que tengo de nuestro actual Papa, que solo el amor a Dios y el amor a la Iglesia han determinado su decisión. Hay que amar mucho a la Iglesia, cuando sientes que tu deterioro personal te limita excesivamente, para en un ejercicio de humildad tomar la decisión de renunciar y dejar que sea otro, con fuerza y vigor suficiente, el que tome con firmeza el timón de la barca de Pedro. ¡Cuánta dignidad!

Allá aquellos, incluido algún que otro obispo, que tratan de hacer comparaciones o generar agravios. Contraponer la figura de Juan Pablo II, aduciendo que él “no se bajó de la cruz”, me parece un juicio cuando menos temerario. ¿Quién se puede arrogar el papel de juez de las conciencias de los hombres? Yo, no, desde luego.

Sinceramente creo que Benedicto XVI nos ha dado a todos los cristianos y a todos los hombres y mujeres de bien ejemplo sobrado de valentía, coherencia, rectitud, entrega a la Iglesia, de esfuerzo por la unidad de los creyentes en Cristo, por el diálogo entre confesiones distintas, de amor a los jóvenes del mundo…  Y qué decir de su palabra, tan sabia y tan medida; introduciendo luz y despejando tinieblas, acercando a un gran número de lectores sus precisas y esclarecedoras reflexiones sobre el mensaje de Cristo, sobre la fe, el Credo, sobre escatología, teología y la Iglesia de nuestro tiempo. En fin, el ministerio petrino de Benedicto XVI será, contra lo que opinaron los más remisos, mucho más que un papado de transición. Benedicto ha hecho del “no callarse” uno de sus lemas. Ha afrontado con valentía los problemas internos de la Iglesia, ha renovado buena parte de su cúpula y ha sentado las bases de la nueva evangelización.

Pronto veremos a Benedicto XVI convertido de nuevo en el obispo Joseph Aloisius Ratzinger. Algo insólito. Sin embargo, desde la discreción de su retiro continuará alentando a millones de seres humanos. Su fuerza moral y espiritual servirá de faro a la Iglesia peregrina. No olvidemos que la Iglesia tiene como cabeza al mismísimo Jesucristo, como cuerpo místico a la comunidad de creyentes y como alma al Espíritu Santo. ¡Qué más da quien sea el sucesor de Benedicto XVI! El Espíritu Santo hará su trabajo.


Publicado por torresgalera @ 16:42  | Religi?n
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