Jueves, 25 de abril de 2013

Juez Fernando Ferrín CalamitaResulta, que las dos lesbianas que denunciaron al juez Fernando Ferrín Calamita acusándole de retrasar y entorpecer la adopción de la hija de una de ellas por la otra, se han divorciado. Tanto ruido, tanto ensañamiento y tanta insidia han quedado, como es lógico colegir, en nada: en pura patraña. Una falsa acusación de homofobia ante la que ha sucumbido tanto el poder judicial como el poder político (PP y PSOE). Después de una larga y tormentosa sarta de disparates éticos, morales y judiciales, la niña —sujeto central del procedimiento judicial— ha terminado quedándose a cargo de su madre, pero continuará sin tener padre y, por el momento, un solo progenitor.

¿Y qué pasa ahora con el juez Ferrín? Pues nada, qué va a pasar, que sigue apartado de la carrera judicial por diez años y que el Ministerio de Hacienda le acaba de comunicar que tiene hasta el próximo 5 de mayo para pagar los 100.000 euros en salarios diferidos que le reclama, es decir, los salarios devengados en los últimos años y que según la condena del Tribunal Supremo cobró indebidamente.

Mientras tanto, a nadie en este país se le cae la cara de vergüenza. Resulta paradójico que el Gobierno que preside Mariano Rajoy haya denegado el indulto al juez Ferrín, y en cambio este mismo Gobierno ha hecho todo lo posible para que el consejero delegado del Banco Santander, Alfredo Sáenz, indultado por Zapatero, pueda seguir al frente del primer banco del país; y eso que el Tribunal Supremo insiste —según acabamos de conocer el viernes 19 de abril— en que Saénz no debió ser indultado. Así se escribe la historia: a los tiburones de guante blanco que cometen, en beneficio propio, toda clase de excesos con los bienes ajenos (así lo afirma el Tribunal Supremo) los políticos los tratan con benignidad exquisita. En cambio, a un juez que ha tratado por todos los medios de preservar la integridad moral de una niña, adoptando cuantas medidas cautelares ha considerado oportunas y amparadas por el ordenamiento jurídico (aún cuando algunas de esas medidas hayan podido ser consideradas por los tribunales de justicia como excesivas), el ministro de Justicia Ruíz-Gallardón no se ha dignado siquiera a estudiar la petición de indulto solicitada por el juez condenado.

Es evidente el ensañamiento del poder político —antes el PSOE y ahora el PP—, contra el juez Ferrín Calamita. Ensañamiento que ha alcanzado unos niveles de mezquindad personal e inquina verdaderamente escandaloso. Está claro que tanto al PP como al PSOE les resulta mucho más rentable —en términos de opinión pública y, por tanto, de votos— sintonizar con la corriente de simpatía que aplaude y sostiene al movimiento social de gays y lesbianas, que poner coto al desiderátum que representa la carta reivindicativa de los homosexuales.

No importa, es un aviso para navegantes. El caso del juez Ferrín Calamita ha quedado como ejemplo para escarmiento público. Se trata de un chivo expiatorio en la causa general abierta desde hace tiempo para equiparar la homosexualidad, no ya a la categoría de naturalidad biológica sino también de naturalidad ética y moral. Se trata de una mercancía intelectual que hace tiempo ha sido asumida por las llamadas ideologías de izquierdas, y que en las dos últimas décadas consumen con delectación las ideologías de derechas. Así el lobby gay se ha convertido en una especie de poder fáctico que, de forma perversa, distorsiona y envilece el derecho natural y los valores cristianos.


Publicado por torresgalera @ 11:49  | Pol?tica
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