Martes, 30 de abril de 2013

LaicismoLa revista norteamericana Times, en su número del 15 de abril, afirma que en la actualidad dos tercios de los más de 52 millones de latinos que viven en Estados Unidos son católicos. Sin embargo, se estima que para el año 2030 el número descenderá casi a la mitad. Parece claro que gran parte de estos católicos se harán evangélicos o de sectas más o menos raras. El resto, indiferentes.

Por su parte, el diario El País, en su edición del pasado 28 de marzo, daba la noticia de que en Alemania la iglesia luterana clausuró entre 1990 y 2010, 340 templos, de los cuales 46 fueron demolidos. Según el pastor Reinhardt Maiwack, portavoz de la institución, es muy posible que otros mil templos tengan que ser cerrados en las próximas dos décadas. La causa no es otra que el abandono de la confesión luterana cada año de entre 120.000 y 150.000 feligreses.

Lo mismo le está ocurriendo a la Iglesia Católica germana. Según el informe anual 2011-2012 de la Conferencia Episcopal, 126.488 personas abandonaron en 2011 la Iglesia católica alemana, una sangría que obligó a los obispos a cerrar más de 400 templos. “En los próximos 10 años se calcula que unas 700 iglesias dejarán de ser utilizadas para celebrar la liturgia”, dijo el portavoz de la Conferencia Episcopal, Mathhias Kopp.

Llama la atención el hecho de que mientras el protestantismo crece en el continente americano, en Europa las comunidades cristianas históricas retroceden inexorablemente. Las dos principales razones para explicar esta realidad son, en primer lugar, la deriva de la apostasía en la que está incursa la mayor parte de la población europea; esto afecta tanto al catolicismo como a todas las ramas del cristianismo protestante. Como contrapunto, hay que resaltar el hecho de que la Iglesia Ortodoxa está viviendo un floreciente resurgir después de liberarse del yugo comunista. Y la segunda razón del retroceso del cristianismo en Europa Occidental encuentra su explicación en el liberalismo teológico que alimenta dicha apostasía; liberalismo teológico que se nutre de las fuentes del cientificismo, el materialismo y el relativismo moral.

Resulta paradójico el empuje al alza que está experimentando el protestantismo evangélico en el continente americano, todo lo contrario a lo que está ocurriendo en esta parte del Atlántico. Mientras que muchos de los que dejan de ser católicos en América pasan a ser evangélicos, aquí se convierten en indiferentes, agnósticos o ateos. El pentecostalismo no arraiga en una Europa avejentada y poco dispuesta a aceptar las características propias de los cultos propuestos por los Benny Hinn, Yiye Ávila y compañía. Tampoco parece que la Renovación Carismática Católica progrese con fuerza en España, Francia, Italia, Alemania, etc.

En el continente americano el protestantismo evangélico gana terreno al catolicismo. Su discurso puritano y simplista, más próximo al de los reformadores del siglo XVI que al descreimiento egocéntrico y narcisista preponderante en Europa, prende con facilidad en las gentes de aquellas tierras. De esta forma, el continente de la esperanza, como lo llamó Juan Pablo II, sufre una auténtica sangría de fieles que, en gran medida, se trasvasan a las corrientes protestantes. Veremos qué efecto tiene en Iberoamérica la elección de un Papa argentino, así como las próximas Jornadas Mundiales de la Juventud que este verano tendrán lugar en Río de Janeiro.

Poner freno a la actual desbandada de fieles católicos exige trabajar en varios frentes a la vez: intensificar una eficiente labor apologética, trabajar en aras de conseguir una buena formación de los fieles en los fundamentos de la fe, y devolver a la Iglesia en pleno a la fidelidad a Jesucristo y a sí misma. No olvidemos que allá donde la heterodoxia de la teología de la liberación ha hecho estragos, el protestantismo evangélico ha sabido sacar provecho. Este es un hecho incontestable.

Para corroborar lo dicho anteriormente basta señalar que en muchos lugares de Iberoamérica y de Europa, incluida España, la secular y arraigada religiosidad popular no ha sido suficiente para poner freno al protestantismo iconoclasta. Con demasiada frecuencia ocurre que el catolicismo genuino se convierte en un coladero en cuanto no va acompañado de una consistente formación catequética: unos cuantos salmos y unos pocos versículos, manejados con habilidad, son más que suficientes para hacer creer a numerosos católicos ingenuos que son unos idólatras paganos. Y de ahí al abandono de la Iglesia, hay un solo paso.


Publicado por torresgalera @ 16:08  | Religi?n
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