Lunes, 15 de julio de 2013

Nueva entrega de la serie Te puede pasar a ti

El cineasta Juan Manuel Cotelo, autor de La Última Cima, y su productora Infinito+1 acaban de estrenar el tercer capítulo de “Te puede pasar a ti”. Se trata de una sugestiva serie de testimonios de personas que se encontraron con Dios en circunstancias peculiares pero, a la vez, muy cercanas a la experiencia de cualquiera. Si la primera película trataba de un pandillero violento y esotérico (hoy sacerdote), y la segunda de un homosexual travestido dedicado a la prostitución (hoy un católico casto y evangelizador), la tercera recoge la trayectoria de Paul Ponce, un malabarista de primera categoría, que reflexionando sobre el dolor y el mal decidió entregar el control de su vida a Dios.

El “control” es un tema clave para un malabarista: ¡controlar muchas bolas, mazas, sombreros con solo dos manos! Pero Paul Ponce, estrella del malabarismo desde niño, decidió entregar el control de su vida a Dios cuando tenía unos 20 años. Antes, él era “practicante de cinco misas al año”, explica. Estando en las islas Bahamas, entró en una parroquia y se inscribió en la catequesis de Confirmación, que todavía no había cumplido. Allí se fijó en un crucifijo y reflexionó sobre el dolor y la muerte. Lo que tocó su corazón fue entender que Jesucristo murió para salvarle a él, personalmente, por amor a él. A partir de ahí, Ponce entregó su vida a Dios al aceptar lo que Él le pidiese. ¿Ser sacerdote, quizá? ¿O casarse? De hecho, Ponce estuvo diez años rezando por una esposa idónea. Al fin ella llegó y aportó muchísimo a la historia.

La película trata con detenimiento el tema del noviazgo cristiano. En su caso se trata de un artista itinerante, que va de hotel en hotel y quiere llevarse de gira a su novia. Juan Manuel Cotelo describe así este testimonio: “Paul Ponce y su esposa hablan sobre sexualidad sin problemas ni temores, con palabras muy sencillas. Hablan con claridad de cómo es un noviazgo casto, sin negar la inclinación natural a querer acostarse con la persona de la que te has enamorado. Explican que el noviazgo es el tiempo de conocer a la persona. Ponce va de gira a Australia con su novia, pide dos habitaciones separadas, lo exige por escrito en su contrato. Su agente se reía y pensaba que era una broma. Pero Ponce respondió: ‘mira, es muy sencillo, o nos das dos dormitorios separados o no vamos’. También sus amistades se reían cuando lo contaba, pensando que era una broma”.

Paul Ponce

Aquella escena es hoy un testimonio que puede tocar, emocionar o hacer pensar a muchas personas. Como director de cine, Cotelo tiene que elegir las imágenes con las que ilustrar las palabras de sus protagonistas. Es obvio que Ponce es un generador de imágenes increíbles y asombrosas. No obstante, el cineasta piensa que, a menudo, la imagen que subraya los aspectos más profundos de la narración solo requieren el gesto de un rostro, sin más, sin música, sin dramatizaciones: el rostro humano que dice la verdad desnuda. “En ese rostro habla Dios”, afirma Juan Manuel Cotelo. Porque al final, el gran tema es la felicidad: como artista del espectáculo, Paul Ponce hace reír y asombrarse a las multitudes. Pero durante todo un año se dedicó a anunciar el Evangelio a tiempo completo como misionero laico. “Me di cuenta de que ese año había sido el más feliz de toda mi vida, pues aprendí dónde se encontraba la felicidad: en buscar a Dios y el bien de los demás”, declara Ponce.

Hoy Paul Ponce dedica parte de su tiempo a visitar asilos de ancianos o centros infantiles, y a maravillar a grandes y pequeños con sus habilidades asombrosas. Después, les habla de Dios, de la Virgen, y de cómo el Señor reparte dones y capacidades para ofrecerlas a los demás. Si le preguntan si ve a sus hijos como malabaristas en el futuro, responde: “Yo lo que quiero es que mis hijos sean felices, y el camino que conozco para ser feliz es cumplir la voluntad de Dios”.

En la serie “Te puede pasar a ti”, Cotelo se sube a su autocaravana y se va a buscar a “la gente de la calle”, para comentar el testimonio y filmar sus reacciones. En la primera entrega lo compartió con jóvenes; en la segunda, con personas que tienen sentimientos homosexuales; en esta ocasión, acudió a gente del mundo del circo. “Descubrimos -explica Cotelo- que en el mundo circense los que tienen fe, y los que no la tienen, es por las mismas razones que en cualquier otro ambiente. Le dije a la trapecista: ‘claro, tú haces esos saltos sin red, y rezas; yo también rezaría con esos saltos’. Pero lo cierto es que todos, en nuestra vida, hacemos malabarismos sin red y trabajamos con leones”.

Otro descubrimiento -concluye el director de la serie- es el de que “igual que en La Última Cima o en el vídeo que hicimos sobre la fe de los jóvenes en las calles de España, tener fe no es raro, ni en el circo ni en la calle. En el circo se reza mucho antes de cada función, y en el que estuvimos tenían mucho cariño a su sacerdote”.


Publicado por torresgalera @ 14:52  | Religi?n
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