Jueves, 25 de julio de 2013

Minutos de silencio, de ausencia y de dolor. Festividad de Santiago el Mayor, uno de los primeros apóstoles de Jesucristo. Patrón de España y personaje mítico y emblemático del cristianismo patrio. Hoy, 25 de julio, nuestra nación –y de manera especial el pueblo gallego– llora de dolor por la tragedia ferroviaria ocurrida ayer cerca de Santiago de Compostela.

A primera hora de la tarde me han pasado, por el móvil, una convocatoria para guardar cinco minutos de silencio, a la 20:45 horas de hoy, en recuerdo de las víctimas mortales y los heridos del terrible accidente. En principio no le he dado mayor trascendencia a esta invitación. Pero, más tarde, un amigo me ha hecho reflexionar sobre este asunto, y he llegado a la conclusión de que guardar minutos de silencio como forma de honrar a fallecidos o víctimas del infortunio, es un modo de perder ese tiempo. Y me explico. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que a los difuntos y a los héroes se les honraba con una cruz y unas oraciones, con frecuencia también celebrando la Eucaristía. Pero esta antigua tradición se ha ido arrinconando por otra mucho más laica, y que consiste en guardar algún minuto de silencio en recuerdo de alguien que tiene nuestro reconocimiento social, sea por el motivo que sea. Esta nueva costumbre me retrotrae a aquellas modas que impusieron, en los días de la dictadura racionalista, los revolucionarios jacobinos e, incluso, el propio Napoleón. Por entonces, emulando la época de los faraones y los césares, a las autoridades del Directorio, el Consulado y el Imperio, les dio por erigir obeliscos y conceder coronas de laurel a sus héroes nacionales.

Permítaseme decir, con toda humildad y desde el mayor de los respetos a todos los creyentes y no creyentes, que pienso que los minutos de silencio son homenaje de un tiempo vacío que debería estar lleno de un sentido más profundo: por ejemplo, de oración. Es decir, poniendo en manos del Padre nuestras intenciones y deseos sobre el destino de las almas de aquellos seres a los que honramos. Claro está que los no creyentes pueden hacer lo que quieran, pero los que sí creemos no deberíamos dejarnos llevar, sin más, por las modas que no nos aportan nada y, en cambio, desvirtúan nuestra esencia. Por eso, yo no guardo minutos de silencio, yo rezo… ¿Qué mañana queremos?, ¿uno de obeliscos y minutos de silencio, o uno de cruces y padrenuestros? Perdón, esto es sólo una reflexión personal… ¡Unidos en la oración! No caigamos en el tiempo vacío. Gracias, Agustín, por abrirme los ojos.


Publicado por torresgalera @ 22:37  | Pensamientos
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