Viernes, 26 de julio de 2013

Qué tristeza me produce la cantidad de opiniones temerarias, insolventes e irresponsables que se prodigan en los medios de comunicación sobre las causas del accidente ferroviario, del pasado 24 de julio, en las cercanías de Santiago de Compostela. Cuánto maniqueísmo. Cuánta mala baba. Cuánta necesidad de encontrar culpables de la tragedia cuando todavía los cadáveres no han sido recibidos por sus familiares, cuando aún quedan cuerpos por identificar. Como si el mundo se fuera a acabar en las próximas horas y los culpables, si los hubiera, se fueran a escapar.

Un poco de respeto. Estamos en la hora del luto, del dolor, del llanto, del consuelo a los familiares, de enterrar a los muertos, de rezar, de no perder la esperanza. Las autoridades judiciales y administrativas no han perdido el tiempo en comenzar las investigaciones correspondientes, encaminadas a determinar las causas de la catástrofe, tanto las de naturaleza técnica como las de naturaleza humana. Un accidente de esta magnitud y complejidad no puede resolverse en unas pocas horas, máxime cuando las autoridades judiciales todavía no han consentido abrir la caja negra de la locomotora.

Es una pena que cualquier contingencia de la actualidad sea utilizada por los depredadores de opinión pública. Parece una carrera por obtener réditos espurios, ya sea para aumentar audiencias, para socavar la credibilidad de personas e instituciones o para pavonearse ante el personal de aguda e ingeniosa ignorancia, cuando no de estupidez supina. Y es que en España hay hiperinflación de analistas de todo tipo de materias. Se trata de “analistas todoterreno”, que sirven para un roto y para un descosido; que lo mismo opinan del conflicto judío-palestino que de las vacas locas, de la prima de riesgo o de la crisis del estornino de Doñana. Son inasequibles al desaliento y al ridículo. Por favor, un poco de cordura y de dignidad. Y un tanto de vergüenza.


Publicado por torresgalera @ 18:35  | Pensamientos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios