S?bado, 12 de octubre de 2013

G.K. ChestertonQue Gilbert Keith Chesterton fue un gran escritor de novelas policiacas no lo cuestiona nadie. También destacó como ensayista, narrador, poeta y periodista. Este prolijo escritor británico, que vivió a caballo entre dos siglos (nació en Londres, en 1874), fue paradigma de hombre moderno, sensible, culto y valiente, que jamás se arredró ante la adversidad ni fue complaciente ante la iniquidad y la estulticia propia del tiempo que le tocó vivir.

Hijo de una familia de librepensadores al estilo victoriano, el pequeño Gilbert fue bautizado en el seno de la iglesia anglicana más por convención social que por convicción familiar. En su juventud se interesó por el ocultismo y terminó recalando en el agnosticismo. Sin embargo, su casamiento con Frances Blogg, una anglicana practicante, le llevó al cristianismo. Durante años Chesterton prosiguió la búsqueda interior de la verdad trascendente. Pero no sería hasta el año 1922 cuando llegara su conversión profunda a Cristo y su encuentro definitivo con la Iglesia católica, apostólica y romana.

Fue a partir de entonces cuando aquella poderosa humanidad (medía 1,93 metros de alto y pesaba alrededor de 134 kilos), volcó su vocación literaria en el pensamiento cristiano. Justo al año siguiente de su conversión, Gilbert Keith publicó una biografía de San Francisco de Asís, y, en 1925, en El hombre eterno presenta su concepción cristiana de la historia. Y ya, de manera ininterrumpida hasta el final de sus días, Chesterton desarrolló una copiosa labor defensora de la fe católica, en la que sobresale la publicación, en 1933, de la biografía de Santo Tomás de Aquino, considerada por Étienne Gilson “el mejor libro que se ha escrito jamás sobre santo Tomás”.

Durante este tiempo de fe, Gilbert Chesterton desplegó un amplio frente de reflexiones sobre el catolicismo. Respecto a las numerosas y constantes críticas al conservadurismo de la Iglesia romana, Chesterton se pronunciaría con meridiana contundencia al rechazar una Iglesia que se adaptase a cada época: «Nosotros realmente no queremos una religión que tenga razón cuando nosotros tenemos razón. Lo que nosotros queremos es una religión que tenga razón cuando nosotros estamos equivocados...» (La Iglesia católica y la conversión. 1927).

Poco antes, en un ensayo titulado ¿Por qué soy católico?, se refiere a la Iglesia católica en estos términos: «No hay ningún otro caso de una continua institución inteligente que haya estado pensando sobre pensar durante dos mil años. Su experiencia naturalmente cubre casi todas las experiencias, y especialmente casi todos los errores. El resultado es un mapa en el que todos los callejones ciegos y malos caminos están claramente marcados, todos los caminos que han demostrado no valer la pena por la mejor de las evidencias; la evidencia de aquellos que los han recorrido» (¿Por qué soy Católico? “Doce Apóstoles Modernos y sus Credos”. 1926).

En cuanto a su estilo literario, Chesterton se caracterizó por el recurso constante e ingenioso a las paradojas. Comenzaba sus escritos con alguna afirmación que pareciese de lo más normal, y haciendo ver que las cosas no son lo que parecen y que muchos dichos se dicen sin pensarlos a fondo, demostraba cómo muchas de esas argumentaciones se suelen apoyar en eso que se da en llamar reductio ad absurdum: «He aquí una frase que oí el otro día a una persona muy agradable e inteligente, y que cientos de veces he oído a cientos de personas. Una joven madre me dijo: “No quiero enseñarle ninguna religión a mi hijo. No quiero influir sobre él; quiero que la elija por sí mismo cuando sea mayor”. Ése es un ejemplo muy común de un argumento corriente, que frecuentemente se repite, y que, sin embargo, nunca se aplica verdaderamente» (Charlas, II, Acerca de las nuevas ideas). Este estilo, fundado en la paradoja y la parábola o relato simbólico, lo acerca –según Jorge Luis Borges, gran admirador suyo– a Franz Kafka, uno de sus contemporáneos.

ChestertonGilbert Keith Chesterton, después de una vida intensa de emociones y de publicar cerca de cien libros, murió, a los 62 años de edad, el 14 de junio de 1936, en su casa de Beaconsfield. Notificado de su muerte, el papa Pío XI le otorgó el título de “Defensor Fidei”. Y el filósofo rumano Mircea Eliade, a los pocos días del deceso, afirmó: «La literatura inglesa ha perdido al ensayista contemporáneo más importante, y el mundo cristiano a uno de sus más preciosos apologistas. Inglaterra está más triste y confusa después de la desaparición de G. K. Chesterton».

De su personalidad, Chesterton no sólo destacaba por poseer una complexión física enorme, lo que llevó a algunos a compararle con el “buey mudo” de santo Tomás de Aquino, sino que también era admirado por su aguda inteligencia y un excelente humor, acompañado de una risa franca y contagiosa. Solía bromear con expresiones como: «Por lo que respecta a mi peso, nadie lo ha calculado aún». 

Con su perfil de creyente y de intelectual combativo contra todas las modas falaces que el siglo XX trajo consigo, no es de extrañar que Gilbert K. Chesterton no sea santo de devoción de la intelectualidad dominante en nuestro tiempo. Pero como quiera que su calidad literaria está muy por encima de la media de los autores consagrados por el canon oficial imperante, son muchas las editoriales que tanto en Inglaterra como en el resto de Europa (España incluida) y América reeditan permanentemente sus obras.

Es importante tener en cuenta que Chesterton fue testigo de primera mano del ocaso de una época decadente, toda vez que contemplaba el fulgurante ascenso del materialismo, el modernismo y los totalitarismos. Fue actor y testigo de unos acontecimientos que ensombrecieron la dignidad del ser humano y le llevaron a la devaluación moral. De las muchas frases memorables que se le imputan, hay una que ilustra de manera muy especial el ambiente moral en el que se debatía la sociedad de su tiempo: «Cuando uno deja de creer en Dios, inmediatamente empieza a creer en cualquier cosa». Como se puede apreciar es brillante, sagaz y rebosa una fina ironía. Y es que son legión los ateos que se las dan de muy racionales e inteligentes, que desprecian cualquier forma de creencia religiosa, pero que llegado el caso terminan acudiendo a quiromantes, embaucadores y charlatanes para que les revelen su futuro a través de las rayas de las manos, las cartas del Tarot, el horóscopo o los posos del café…

Podemos sentirnos contentos de que hayan iniciado los primeros pasos hacia un proceso de beatificación que avala la Iglesia católica de Inglaterra. La causa de Gilbert Keith Chesterton va más allá de su dimensión literaria e intelectual. De lo que se trata ahora es de evaluar la dimensión cristiana de este gran hombre, que a lo largo de su vida de fe demostró un gran entusiasmo evangelizador, así como sobradas muestras de generosidad, de corazón caritativo y de trayectoria vital coherente y abnegada por la difusión de la fe y la Palabra de Dios.

La propuesta de beatificación fue anunciada durante la apertura de la 32ª Conferencia Anual de Chesterton, celebrada por la Americam Chesterton Society, celebrada en Worcester, Massachusetts, (Estados Unidos) el pasado mes de agosto. Su presidente, Dale Ahlquist, anunció que el obispo Peter Doyle, de Northampton (Reino Unido), ha autorizado el comienzo de una investigación que impulse la causa de G. K. Chesterton. Ahlquist llegó a afirmar que Chesterton «es en gran medida, un santo para nuestro tiempo y podría atraer a muchas personas a la Iglesia católica».

Son muchas las personas que consideran la santidad de Chesterton: los testimonios sobre él hablan de una persona de gran bondad y humildad, un hombre sin enemigos, que proponía la fe sin rebajas pero también sin enfrentamientos, defensor de la verdad y la caridad. Su grandeza está también en el hecho de que supo presentar el cristianismo a un público amplísimo, de cristianos y de laicos. Sus libros, desde Ortodoxia a San Francisco de Asís, desde El Padre Brown a La esfera y la cruz, son brillantes presentaciones de la fe cristiana, testimoniada con claridad y valor frente al mundo.

No fue sólo un apologeta, sino también una especie de profeta que entrevió con gran anticipación el carácter dramático de cuestiones de la modernidad como la eugenesia. El dominico inglés Aidan Nichols sostiene que se debe mirar a Chesterton nada menos que como posible “padre de la Iglesia” del siglo XX. Y aunque destacó por sus virtudes, también experimentó el dolor, pero jamás dejó de alabar la alegría cristiana. La obra de Chesterton es una especie de medicina para el alma. El propio escritor había usado la metáfora del antídoto para definir el efecto de la santidad sobre el mundo: «el santo tiene el objetivo de ser signo de contradicción y de restituir sanidad mental a un mundo enloquecido».

La lectura de Chesterton, ya se trate de las novelas o de los ensayos, deja siempre en el lector una gran serenidad y un sentimiento de esperanza exenta de inmadurez y mundanidad. Nada más lejano del pensamiento de Chesterton, que denuncia detalladamente todas las aberraciones de la modernidad, y que la confronta con la concepción cristiana de la existencia y con la fuerza de su religiosidad. La propuesta de Chesterton es la de tomar en serio la realidad en su integridad, empezando por la realidad interior del hombre y de disponer confiadamente el intelecto –es decir el sentido común– en su original sanidad, purificado de toda incrustación ideológica.

Raramente se leen páginas en las que se habla de fe, de conversión, de doctrina, tan claras e incisivas cuanto privadas de todo exceso sentimentalista o moralista. Esto deriva de la atenta lectura de la realidad de Chesterton, quien sabe que la consecuencia más trágica de la descristianización no ha sido el gravísimo extravío ético, sino el extravío de la razón, sintetizable en este juicio suyo: «El mundo moderno ha sufrido una caída mental mucho más consistente que la caída moral».

Frente a este escenario, Chesterton elige el catolicismo, y afirma que existen al menos diez mil razones para justificar esta elección, todas válidas y muy fundadas pero reconducibles a una única razón: que el catolicismo es verdadero, la responsabilidad y la tarea de la Iglesia consisten por tanto en esto: en el valor de creer, en primer lugar, y, por tanto, denunciar las vías que coducen a la nada o a la destrucción, a un muro ciego o a un prejuicio. Una obra indudablemente santa, y la santidad de Gilbert Chesterton, que espero la Iglesia pueda reconocer, brilla y refulge ya ante el mundo.

Los escritos proféticos de Chesterton están siendo adoptados por una nueva generación de hombres y mujeres que se siente atraída por su elocuente defensa de la fe católica, de la familia tradicional, por la santidad de la vida y la justicia económica. El autor inglés es cada día más reconocido por muchos por su gran ingenio, su humildad y su profunda alegría católica. Además, tuvo una gran influencia en grandes figuras como el arzobispo Fulton Sheen, C.S. Lewis, J.R.R. Tolkien, Dorothy Day y Jorge Luis Borges. Chesterton representa el preludio de una hermosa primavera.


Publicado por torresgalera @ 19:14  | Personajes
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