Martes, 22 de octubre de 2013

Juan Pablo IIDesde que en 2011 el Papa Benedicto XVI beatificara a su antecesor, el 22 de octubre ha sido declarado por la Iglesia católica como el día del beato Juan Pablo II, Sumo Pontífice de la Iglesia católica entre los años 1978 y 2005. Por eso en este día de su onomástica me parece un día perfecto para recordar algunas de sus singularidades, tanto como hombre consagrado a Dios como la de hombre de Dios entregado a la causa de sus semejantes, en especial a los más desfavorecidos.

En este día otoñal quiero resaltar lo que para mí fue un ejemplo de lucha por defender y preservar la dignidad inviolable del hombre. Juan Pablo II fue un exigente y duro batallador en diversos frentes conflictivos, como el aborto, la eutanasia o los anticonceptivos. De ahí que resulte inexacto tildarle de retrógrado, cuando, más bien al contrario, el Papa polaco fue un progresista en la defensa de los más débiles. Hay que tener unas convicciones muy sólidas y bien cimentadas, a la vez que ser muy valiente, para en medio de la sociedad actual defender, por ejemplo, la causa de los más inocentes, como es el caso de los concebidos y no nacidos; o proclamar la dignidad de todo ser humano, independientemente de su calidad de vida, ya sean marginados sociales, enfermos terminales, deficientes mentales o ancianos seniles, muchos de ellos amenazados por esa nueva forma de totalitarismo que es la legislación de la eutanasia.

Dentro de las bases antropológicas y jurídicas en las que basó su lucha Juan Pablo II, la dignidad de la mujer ocupó un lugar primordial. Llegó incluso a reconocer y asumir las responsabilidades de numerosos religiosos e hijos de la Iglesia en dificultar el proceso liberador de la mujer. En su encíclica Mulieris Dignitatem, Juan Pablo II apostó, sin ambages, por la mujer, llamada a construir el mundo de hoy, en igualdad de condiciones con el varón. Además, hizo una aportación original, alejada de trasnochados clichés. “Te doy gracias, mujer por la indispensable aportación a la cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, una concepción de la vida siempre abierta al misterio”, llegó a decir el Papa.

Juan Pablo II, tan frecuente y tópicamente tildado de retrógrado, ha sido el primer Papa capaz de ensalzar la belleza de la carne y en recordar que tan digna es el alma como el cuerpo. Pero, a la vez, ha sido contundente en subrayar que el sexo no puede disociarse del contexto de donación recíproca entre el hombre y la mujer. Lo contrario implica un engaño antropológico que se salda en destrucción. Por eso el Papa Wojtyla denunció sin tapujos la cultura hedonista y la comercialización del sexo, que reduce a las personas a simples objetos.

También fue muy claro en denunciar prácticas contra natura. Pero nunca condenó la condición homosexual, sino la conducta homosexual. Estas opiniones del Santo Padre, lejos de ser arbitrarias y caprichosas, están enraizadas en la ley natural y el sentido común; y, por otro lado, con la doctrina de siempre de la Iglesia católica. No hay que olvidar que Pablo VI ya denunció, por ejemplo, el fiasco de los anticonceptivos en la encíclica Humanae Vitae

En definitiva, Juan Pablo II sobresalió, entre otras muchas cosas, por la defensa de unos derechos fundamentales, comenzando por el de la vida, y de una serie de valores (renuncia, sacrificio, entrega, respeto) que se traducen en la salvaguardia de la dignidad inalienable del hombre.

Además, Juan Pablo II vivió su pontificado entregado a otras grandes causas, como la paz entre las naciones, el acercamiento entre las diferentes religiones o la reconciliación entre las distintas confesiones cristianas. Fue un incansable peregrino que ejerció su apostolado por todos los continentes de la Tierra. Y en un orden más personal, fue un testimonio ejemplar de cruz desde los primeros años de su papado, al ser víctima del violento fanatismo que le dejaría importantes secuelas en la salud, hasta vivir acosado sus últimos años por la enfermedad. Que su santidad nos alcance a todos.


Publicado por torresgalera @ 18:38  | Religi?n
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