Domingo, 22 de diciembre de 2013

Uno de los grandes regalos que San Francisco de Asís nos ha dejado a los cristianos en particular y a la cultura de la humanidad en general, ha sido la representación del Nacimiento de Jesús RedentorSan Francisco y el Belén. Sin duda se trató del primer belén de la historia, y el hecho aconteció en la Navidad del año 1223. La Historia cuenta que estando Francisco predicando por la comarca italiana de Rieti, ante lo crudo del invierno que se echó encima, buscó refugio en la ermita de Greccio. Un buen día, mientras oraba y meditaba el Evangelio de San Lucas, nuestro amado fraile tuvo la inspiración de representar el nacimiento de Nuestro Señor en aquella humilde cueva de Belén.

Puesto manos a la obra, Francisco habilitó un sencillo lugar con sus propias manos. Acudió a las gentes de la aldea para que le dejasen un buey y una mula. Solicitó la colaboración de algunas personas para completar el escenario de la conmemoración. Francisco no quiso estatuilla alguna para representar al niño Jesús recién nacido. Al contrario, quiso que fuera un niño de carne y hueso el que representara al Mesías, al Hijo de Dios hecho uno de nosotros. El santo de Asís quiso que todo emulara con el mayor realismo imaginable y posible aquella escena trascendental, ocurrida hacía más de doce siglos en la ciudad de Belén Efratá, y profetizada por Miqueas (5: 2) como el lugar donde nacería el Mesías Redentor.

San Francisco no quiso poner imágenes inertes, porque le parecían indignas del misterio que allí se representaba. Al contrario, aun sabiendo nuestro amado Santo que lo suyo también era una representación, quiso ir más allá. Vino a decirnos que cada uno de nosotros debe acoger a Cristo en cada ser humano, en cada uno de los seres humanos vivos y sufrientes, sobre todo en los más pobres, abandonados y necesitados. En ellos Cristo mismo se hace presente. Así repetiremos en nuestras vidas el misterio de Belén.


Publicado por torresgalera @ 17:51  | Religi?n
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