Viernes, 14 de marzo de 2014

Para aquellos que defienden de manera vehemente sus doctrinas políticas y sociales, unas socializantes o de corte marxista y otras liberal-capitalistas, les recomiendo una lectura —seguida de su correspondiente reflexión— del Mensaje para la Cuaresma 2014 escrita por el Papa Francisco. Como enseguida comprobará el lector, el contenido de este Mensaje —tan vigente en este tiempo de Cuaresma en el que está inmersa la Iglesia católica— es una vigorosa llamada al amor fraterno y a la solidaridad con los más desfavorecidos.

El buen samaritano

El Santo Padre, en su Mensaje cuaresmal, ha hecho hincapié de manera muy especial en el testimonio de amor que Jesucristo dio a los pobres y marginados de la sociedad. Comienza su reflexión con una cita de San Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). Lo que viene a decir, que Dios, pudiendo haber enviado a su Hijo al mundo como un hombre poderoso y rico, quiso revelarse ante los hombres humilde y pobre. Cristo se acercó a sus semejantes tal y como eran ellos, la inmensa mayoría de la gente de entonces: sencilla, humilde y pobre. Y de manera muy especial, el Mesías se derramó en amor y ternura con los más desfavorecidos y marginados, como eran los tullidos, los ciegos, los leprosos, los endemoniados, las prostitutas y toda la caterva de desposeídos y repudiados.

El camino emprendido por Jesucristo le lleva a estar en medio de la gente necesitada de perdón y cargar con el peso de nuestros pecados. Es un camino elegido para consolarnos, salvarnos y librarnos de nuestra miseria. San Pablo insiste en que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y es que la pobreza con que Jesús nos libera y nos enriquece es, precisamente, su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros; Él jamás nos abandona ni nos deja solos si nosotros no le damos la espalda. La pobreza de Cristo nos enriquece mediante su infinita misericordia.

La pobreza de Cristo es la mayor riqueza, pues está cimentada sobre la confianza ilimitada en Dios Padre; se encomienda a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Por eso Dios sigue salvando a los hombres y salvando al mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo. Por eso los cristianos estamos obligados a mirar las miserias de nuestros hermanos, a hacernos cargo de ellas, a implicarnos y a tratar de aliviarlas.

La miseria no es lo mismo que pobreza; la miseria es pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. El Papa Francisco nos habla de las tres clases de miseria: miseria material, miseria moral y miseria espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y afecta a cuantos viven en una condición indigna como ser humano. La miseria moral consiste en convertirse en esclavo del vicio y del pecado. Y la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor.

Concluye el Vicario de Cristo su Mensaje cuaresmal señalando que «los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas». «No olvidemos —afirma Francisco— que la verdadera pobreza duele: no sería un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele».


Publicado por torresgalera @ 13:07  | Religi?n
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