Jueves, 22 de enero de 2015

Víctimas de Boko Haram

¡Que se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte

dejar tanta hermosura en tanta guerra!

Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra.


Tengo la impresión de que cada día que pasa aumentan los argumentos para perder toda esperanza en el ser humano. En las naciones desarrolladas los medios de comunicación social, sus dirigentes políticos y la ciudadanía en general, muestran una hipocresía exasperante. Prueba de ello —una más— es sin duda el genocidio llevado a cabo, en el Noroeste de Nigeria, por las hordas asesinas de esos fanáticos islamistas dirigidos por Boko Haran. Justo en la misma semana que se produjo el ataque terrorista al semanario francés Charlie Hebdo, y las muertes de los días siguientes, los fanáticos y sanguinarios islamistas nigerianos lanzaron una ofensiva a la ciudad de Baga y otras 16 localidades cercanas que dejaron unas 2.000 personas sin vida: muchas de ellas degolladas en sus casas (gran parte de estas víctimas eran musulmanes). Pocos días antes, en el Norte de Camerún, los delincuentes de Boko Haram pararon un autobús de pasajeros y mataron a sangre fría a 25 viajeros.

Y ahora viene la gran pregunta: ¿Son más importantes los seres humanos de África que los de Europa? ¿Por qué la muerte de 17 personas inocentes en París a manos de los terroristas islamistas colapsó la atención de los medios de comunicación de la mayor parte del mundo y, sin embargo, los 2.000 asesinados en Nigeria apenas acapararon unos pocos segundos en los noticieros de radio y televisión y unas pocas líneas en los periódicos de los países poderosos?

Aún podemos repasar más: durante los días 9, 10 y 11 de enero, varios ataques islamistas por parte de suicidas fanáticos dejaron decenas de muertos en los mercados de Potiskum y Maidurugi. En esta última ciudad, y en el colmo de la locura humana, se autoinmoló una niña de diez años a quienes sus propios padres habían colocado un cinturón con explosivos. ¿Es concebible mayor crueldad? Sin duda, sí; el hombre ha sido capaz a lo largo de la historia de las mayores atrocidades imaginables. El mal no solo no retrocede, sino que se abre paso de manera inexorable. Y la tragedia continua: el año pasado la violencia de Boko Haram causó 10.000 muertos, según datos del Council of Foreign Relations, de Washington. La agencia de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) ha señalado recientemente que hay alrededor de un millón de personas entre Nigeria y Camerún que han huido de sus hogares para escapar de los ataques de los huestes asesinas islamistas.

Líderes del mundo se manifiestan en ParísSin embargo, lo peor que nos puede suceder a los hombres y mujeres de bien es caer en el fatalismo y en la desesperanza. Rendirnos ante el mal sería dejarnos arrebatar, definitivamente, la dignidad y la razón. A pesar de las contradicciones, de las injusticias y de los agravios comparativos, debemos convencernos de que el bien siempre termina prevaleciendo. No debemos aceptar como un destino ineludible el imperio del mal. Al contrario, si este campa a sus anchas es porque hacemos un mal uso de nuestra libertad. El sufrimiento humano en gran medida proviene de nuestro egoísmo, de nuestra codicia y de nuestra soberbia. Estos son pecados que nos llevan a la ceguera y al egoísmo más rampante y miserable respecto a nuestros hermanos más desfavorecidos y vulnerables. Así lo ha manifestado Monseñor Ignatius Kaigama, arzobispo de la ciudad nigeriana de Jos, quien ha acusado a los países occidentales de desentenderse de la amenaza de Boko Haram y ha dicho que tendrían que mostrar más determinación. Tiene toda la razón. Es menester destacar que el año pasado, países como Estados Unidos, Inglaterra y Francia ayudaron militarmente al gobierno de Nigeria, un gobierno corrupto hasta los tuétanos, que ha cometido y comete abusos intolerables sobre las poblaciones del Noreste a las que se supone tenía que defender; mientras, los bandidos de Boko Haram, entre otras muchas otras atrocidades, secuestraban a 200 jovencitas de la población de Chibok.

He aquí la paradoja: Nigeria es la primera economía africana (produce oro y petróleo a raudales), por lo que cuenta con recursos financieros suficientes para combatir y derrotar al terrorismo islamista, así como para invertir en el desarrollo de la región del Noreste, condenada hasta ahora a la pobreza y donde es muy fácil reclutar y fanatizar a jóvenes sin futuro.

Para colmo de males, las relaciones entre Nigeria, Níger, Camerún y Chad son muy deficientes, por lo que no se ponen de acuerdo para combatir a un enemigo común. Es más, se da el caso de Chad donde sus autoridades hacen la vista gorda cuando terroristas de Boko Haram penetran en su territorio y se aprovisionan de armas.

Otra prueba de hasta dónde llega la estulticia y la hipocresía del mal llamado “mundo libre y desarrollado”, fue el circo mediático que protagonizaron los dirigentes políticos occidentales en las calles de París. Tampoco quisieron perderse el espectáculo los presidentes africanos de Malí, Nigeria, Senegal, Benín, Togo y Gabón. Todos ellos acudieron —ironías de la vida—para defender la libertad de expresión, algo de lo que, sobre todo en Togo y en Gabón, no andan muy sobrados que digamos.

Entre tanto, en Europa y América del Norte principalmente, los gobiernos y la prensa debaten sesuda y apasionadamente sobre nuevas medidas que les protejan del terrorismo. Ahora han caído en la cuenta de que en estos países se ha alimentado y engordado el monstruo del fanatismo islamista. ¿Acaso no se ha alimentado y engordado también el fanatismo islamista en los países musulmanes al mantener con ellos durante décadas una relación de prepotencia? ¡Basta de mirarnos el ombligo! La sangre de un europeo o de un norteamericano vale tanto como la de un nigeriano o un camerunés. Un esfuerzo de humildad y de generosidad por parte de las sociedades desarrolladas le vendría muy bien a la humanidad. Lo está pidiendo a gritos.


Publicado por torresgalera @ 13:39  | Mundo
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Viernes, 02 de enero de 2015

Mezquita-Catedral de CórdobaHay un dicho popular muy conocido que reza así: «Por la boca muere el pez». Se refiere este dicho a aquellas situaciones en las que alguien es víctima de sus denuncias o de sus propias imprecaciones hacia otras personas. Esto es lo que ocurre con el actual Defensor del Pueblo de la Junta de Andalucía. Asevera Jesús Maeztu, que la gestión de la Mezquita-Catedral de Córdoba «no está reñida con un modelo de gestión más eficaz para la puesta en valor de un monumento patrimonio cultural y andaluz». Y continúa el bueno de don Jesús con su aserto: «Hay un monumento con dos templos que tienen dos historias y eso hay que regularlo conforme a su propia idiosincrasia». Y para reforzar el argumento, cargado de lógica y contradicción, remata Maeztu: «si ese planteamiento se hubiera hecho de una manera más consensuada, participada y con mucho más diálogo, no daría lugar a poner en cuestión una especia de división radical entre un templo y otro».

Es decir siguiendo el argumento del ínclito Maeztu, podríamos colegir que allí donde en la actualidad hubiera un edificio histórico y singular, público o privado, dedicado a otros menesteres distintos al que fue causa de su origen (por ejemplo, una iglesia, un convento o un monasterio), se podría justificar una regulación administrativa para que su uso se pudiera compatibilizar con el de su origen fundacional. Así, el actual salón de plenos del Senado —situado en la madrileña plaza de la Marina Española— se encuentra ubicado en lo que fue la iglesia del Colegio de la Encarnación, de religiosos agustinos calzados, también llamado Colegio de doña María de Aragón (formaba parte del Monasterio de la Encarnación). El edificio fue fundado en 1590, y en el residieron religiosos tan ilustres como san Alonso de Orozco. Así es, el edificio del Senado cuenta con dos historias y, por tanto, por qué no se podría celebrar Misa en el salón de plenos. No digo yo que el ejercicio del culto sagrado se hiciera a diario, sino al menos con ocasión de grandes solemnidades, como el aniversario de san Agustín que se celebra cada 28 de agosto, ya que además sus señorías están de vacaciones.

De esta manera, el Defensor del Pueblo de Andalucía se permitió un falaz desahogo intelectual tras la reunión que el pasado 11 de diciembre mantuvo con la Plataforma “Mezquita-Catedral, Patrimonio de [email protected]”. Jesús Maeztu estimó razonable estudiar un «modelo de gestión con criterios profesionales y técnicos, independientemente de su uso litúrgico». Ni que decir tiene que estas palabras bien podrían volverse contra el alto magistrado, máxime cuando en la misma Andalucía existen numerosos edificios históricos y relevantes que fueron construidos con finalidad religiosa y en la actualidad están destinados a otros usos profanos; basta mirar, sin ir más lejos, el propio palacio de San Telmo, que alberga en Sevilla la Presidencia de la Junta de Andalucía, edificio cuya construcción se inició en 1682 para instalar la sede del colegio-seminario de la Universidad de Mercaderes.

Sinceramente, pienso que existe una gran obsesión por destacar como políticamente correcto. Esa manía de recalcar lo evidente, como que el diálogo es la fuente de solución a todo conflicto; en muchos casos resulta un sofisma. Sí, es un sofisma porque el actual debate sobre la legitimidad de la Mezquita-Catedral de Córdoba parte de un principio falso: es un debate interesado, instigado por dirigentes políticos de izquierda, con una finalidad espuria; los ciudadanos no han manifestados ninguna inquietud ni preocupación al respecto.

El señor Defensor del Pueblo de Andalucía tiene mucho interés en figurar como el mediador bueno, en demostrar que su juicio es salomónico y que su conclusión es resultado de reflexión sabia y ponderada. Pero nada es cierto, ya que se trata de un delirante ejercicio de buenísimo. Su fin no es otro que dar satisfacción al gobierno que le ha nombrado y que es quien reclama la enajenación a la Iglesia católica de la titularidad del templo. ¿Por qué obvia el señor Maeztu el hecho histórico irrefutable de que donde hoy se halla la catedral de Córdoba, y antes la mezquita islámica, existió una basílica visigótica dedicada a San Vicente que fue arrasada por la invasión musulmana para levantar su mezquita? Años más tarde, cuando en 1236 Fernando III el Santo recupera la ciudad para la cristiandad, no sólo no destruye la mezquita sino que ordena que se preserve el edificio, algo impensable al revés como muestra la historia.

¿Alguien se imagina que pudiera promoverse en Turquía una reivindicación para que se restituyera el culto cristiano en la iglesia de Santa Sofía, en Estambul? Las mentes delirantes parece que afloran en España cada día con más fuerza.


Publicado por torresgalera @ 16:04  | Pol?tica
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