Martes, 31 de marzo de 2015

El silencio

En cierta ocasión le preguntaron al Emanuel Tanay, judío alemán sobreviviente del Holocausto, y reconocido psiquiatra forense radicado en los Estados Unidos: «¿En aquel entonces, era los alemanes, en general, realmente nazis?» La respuesta que dio el venerable anciano, nacido en 1928, pudiera inducir falsamente a que estuviera teñida de sectarismo o de un cierto tufillo a rencoroso fanatismo. «Muy pocas personas eran nazis en verdad —afirmó con reposada tranquilidad—, pero muchos disfrutaban de la devolución del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que sólo pensaba que los nazis eran un montón de tontos».

No debemos perder de vista que en el caso del doctor Tenay, se trata de un hombre cuya familia pertenecía a la aristocracia alemana de antes de la Segunda Guerra Mundial; familia propietaria de una serie de grandes industrias y haciendas. «Así, la mayoría simplemente se sentó a dejar que todo sucediera. Luego, antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado. Mi familia perdió todo. Terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas...», concluyó el honorable Tenay.

En la actualidad, se nos dice que la gran mayoría de los musulmanes sólo quieren vivir en paz. El hecho es que los fanáticos dominan el Islam; los fanáticos siempre han marcado el rumbo y el ritmo de la historia. Los fanáticos han masacrado sistemáticamente a los cristianos o grupos tribales en África y se van adueñando gradualmente de todo el continente en una ola islámica. Estos fanáticos son los que ponen bombas, decapitan, asesinan. Son los fanáticos los que toman mezquita tras mezquita. Se trata de los fanáticos los que celosamente difunden la lapidación y la horca de las víctimas de violación y los homosexuales. Son los fanáticos los que enseñan a sus jóvenes a matar y a convertirse en terroristas suicidas. El hecho cuantificable y duro es que la mayoría pacífica, la «mayoría silenciosa» es intimidada e imperceptible.

No deberíamos olvidar como en la Rusia comunista, la inmensa mayoría de rusos sólo querían vivir en paz. Sin embargo, los comunistas rusos fueron responsables del asesinato de cerca de 50 millones de personas; la mayor parte de ellos era gente pacífica e irrelevante.

Por su parte, en China su enorme población también era y es pacífica, pero los comunistas chinos han llegado a asesinar la estremecedora cifra de 70 millones de personas, desde los años de la revolución hasta nuestros días.

El individuo japonés medio antes de la Segunda Guerra Mundial no era un belicista sádico. Sin embargo, Japón asesinó y masacró, en su camino expansionista hacia el sur de Asia Oriental, a 12 millones de civiles chinos, la mayoría muertos por espada, pala y bayoneta.

Y, ¿quién puede olvidar Ruanda, que se derrumbó en una carnicería…? ¿Hay alguien que pueda afirmar que la mayoría de los ruandeses no amaban la paz?

Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples y contundentes. Sin embargo, a pesar de la poderosa fuerza que creemos tiene la razón, no nos damos cuenta que muchas veces la perdemos porque renunciamos a lo más básico y fundamental, que es la defensa de nuestra dignidad humana. Por eso, los musulmanes amantes de la paz se han hecho irrelevantes por su silencio. Los musulmanes amantes de la paz se convertirán en nuestro enemigo si no se pronuncian, porque —al igual que nos relata el anciano doctor alemán—, se despertarán un día y encontrarán que los fanáticos los poseen, y el fin de su mundo habrá comenzado. Los alemanes, amantes de la paz, japoneses, chinos, rusos, ruandeses, serbios, afganos, iraquíes, palestinos, somalíes, nigerianos, argelinos, y muchos otros han muerto a causa de que la mayoría pacífica no se pronunció hasta que fue demasiado tarde

Por todo esto, nosotros, que nos sentimos meros espectadores de los graves acontecimientos que se desarrollan en todo el planeta, debemos colegir que nuestro silencio nos convierte en colaboradores necesarios, cuando no en cómplices, de los fanáticos que amenazan nuestra forma de vida y nuestra existencia.


Publicado por torresgalera @ 16:12  | Pol?tica
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