Jueves, 23 de abril de 2015

Imprenta de GutenbergEl santoral católico conmemora este día 23 de abril a San Jorge. Lo hace desde el 494, año de su canonización, aunque la muerte del santo guerrero se produjera el 23 de abril de 303. En Cataluña, Sant Jordi es patrón desde el año 1094, y la tradición popular celebra la onomástica de su héroe protector, al que la leyenda atribuye la victoria sobre el dragón y el haber salvado a la princesa, símbolo de la victoria sobre el mal. Por esto, Sant Jordi es por excelencia el patrón de los enamorados en Cataluña, desplazando a segundo plano a San Valentín, aunque muchos catalanes lo celebran tanto el 23 de abril, como el 14 de febrero. Pero casi todas las personas que viven en Cataluña, siguen la tradición, que consiste en que el hombre regala a la mujer una única rosa roja con una espiga de trigo y la mujer le regala a su amado un libro.

Por otra parte, desde 1926 se celebra el Día Internacional del Libro, una iniciativa que surgió en Cataluña de la mano del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, para conmemorar la fecha del 23 de abril de 1616 en que fallecieron Miguel de Cervantes y William Shakespeare

En todo caso, traigo a colación esta efeméride de San Jorge porque me da pié para hablar de un hecho histórico poco conocido del gran público, especialmente del público lector de libros. Me estoy refiriendo a la creencia generalizada de que el primer libro que se imprimió en la imprenta de Gutenberg fue la Biblia. Pues no, este dato no es cierto. El ingenioso inventor de la imprenta de tipos móviles en primer lugar imprimió, a modo de prueba, en 1449, en la imprenta de Mainz, el llamado “Misal de Constanza”, del que solamente se conservan tres ejemplares en el mundo. Se trata de un misal católico, libro en el que se recogen los textos que se utilizan para la celebración de la Misa.

Fue un año después, en 1450, en la ciudad alemana de Maguncia, cuando Johannes Gutenberg comenzó los preparativos para la impresión de la llamada “Biblia de 42 líneas” o “Biblia de Mazarino”, una versión de la llamada Vulgata, una de las traducciones al latín usada entonces por la Iglesia Católica; los primeros ejemplares aparecieron cuatro o cinco años más tarde. Eso sí, dada la importancia y amplia tirada —unos 180 ejemplares—, este incunable pronto se convertiría en todo un símbolo, un icono del inicio de la “Edad de la imprenta”.

Así es, el “Misal de Constanza” fue el primer libro impreso con el invento de Johannes Gutenberg, aunque la finalidad de este proyecto fue exclusivamente experimental; se trató de un ensayo imprescindible mediante al cual Gutenberg adquirió la práctica y seguridad necesarias para abordar la gigantesca obra de editar e imprimir la Biblia, el libro más transcendental para la humanidad y el más leído de todos los tiempos.